Forgotten Words
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El hombre más irresistible

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Mensaje por mariposa Miér 12 Jun 2019, 5:28 pm

Capítulo 25

El teléfono sonó cuando estaba en la ducha y ni siquiera se molestó en ponerse una toalla.
Y cuando oyó su voz, sintió un alivio que lo dejó sin aire en los pulmones.

—¿Dónde demonios estás? ¿Por qué no has ido al club de campo esta tarde?

Ella no contestó inmediatamente y Nicky la imaginó con el ceño fruncido.

—¿Cómo lo sabes?

—¡Porque estaba allí, maldita sea! ¿Dónde estabas tú?

—Estoy en Dublin. Es una historia muy larga y...

—Pues entonces cuéntame la versión corta.

—Muy bien —replicó Chantal. Su voz se había enfriado repentinamente—. Mitch ha tenido un problema con el niño y he venido a cuidarlo.

—¿Has ido a Dublín para hacer de niñera?

—He venido a Dublín porque mi hermano me necesitaba.

—Pues a mí me parece que tu hermano tiene que hacerse mayorcito de una vez.

—¿Ah, sí? —replicó ella, sarcástica—. Eso tiene mucha gracia. Yo pensé que precisamente tú lo entenderías.

—¿Qué? ¿Que has tenido la necesidad de salir huyendo porque temías fracasar en el partido de golf?'

Al otro lado del hilo hubo un largo silencio, tas espeso que casi podía cortarse. Nicky se pasó una mano por la cara. ¿Qué estaba diciendo? Su miedo de que le hubiera pasado algo le estaba haciendo atacarla sin sentido. Y tenia que buscar una forma de pedirle disculpas.

—Chantal...

—Lo que quiero decir es que tú podrías entender por lo que está pasando Mitch desde que su mujer decidió abandonarlo. Según ella, un hijo era un inconveniente para su carrera —dijo Chantal entonces.

Aquellas palabras lo golpearon con la fuerza de una bofetada. ¿Cómo sabía ella lo de Kristin?

—¿De qué estás hablando?

—De Mitch, de corazones rotos, de un dolor que te parte por la mitad.

Estaba hablando de su hermano, no de la decisión de Kristin, pensó Nicky.

—Mira, solo te he llamado para decite dónde estoy. Por alguna estúpida razón me pareció que estabas preocupado.

—Y lo estaba.

—Ah.

Hubiera querido decir algo más, explicarle por qué había ido al club de campo, pero no por teléfono. Lo estaba haciendo desastrosamente mal y quería compensarla. Pero en persona.

—¿Cuándo vuelves a casa?

—El lunes por la mañana. Iré directamente al bufete.

—¿Vendrás aquí después de trabajar o vas a tu casa?

Con los ojos cerrados, Nicky esperó una respuesta. Pero se dijo a sí mismo que daba igual. Si no iba a casa, iría él a la suya y la convencería para que lo escuchara.

—Muy bien.

—Muy bien —repitió él, sintiéndose como un condenado a muerte que acaba de recibir la conmutación de su pena—. Nos veremos entonces.


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Mensaje por mariposa Jue 13 Jun 2019, 4:58 pm

Capítulo 26

Faltaban tres horas para que llegase... si terminaba de trabajar pronto, si no tenía que hacer horas extra por haberse marchado temprano el viernes, sino decidía hacerlo sudar. Y estaba tan nervioso como un niño.
Sacudiendo la cabeza, Nicky volvió a meterse debajo del coche. Era una forma de pasar el tiempo. Además, era un incentivo no solo por ser el MG de su padre, sino porque Chantal había demostrado interés.
No interés histórico o mecánico, ni siquiera una atracción estética por las líneas del deportivo rojo.
Tenía una fantasía erótica. Uuna fantasía que tenía que ver con su coche. No sabía de qué tipo, pero pensaba averiguarlo.
Con una sonrisa en los labios, Nicky volvió a colocarse en los bajos del MG. Cuando oyó el ruido de un coche unos diez minutos más tarde, pensó que la fantasía se estaba volviendo demasiado real y sacudió la cabeza.
Pero entonces oyó sus pasos en el garaje y su corazón empezó a dar saltos. Aquello no era una fantasía... era real. Chantal estaba allí. Aunque era demasiado temprano. Pero eseguida imaginó que lo echaba de menos, que esttaba deseando verlo.
Y esperaba que llevase falda. Porque pensaba descubrir cómo era esa fantasía erótica en aquel mismo instante.
Cuando Chantal llegó a la puerta del garaje, él ya estaba de pie y limpiándose las manos con un paño.
Pero en cuanto la vio supo que no estaba de humor para fantasías eróticas... a menos que fueran violentas.
Estaba nervioso, pero intentó sonreír.

—¿Serviría de algo explicar por qué estaba tan enfadado por teléfono?

Chantal lo fulminó con la mirada.

—Serviría de algo si me explicas qué hacías el viernes en el club de campo con Godfrey.

—Intentaba ayudarte.

Chantal solía ser una persona tranquila y calmada, pero empezó a salirle humo por las orejas cuando Nicky se encogió tranquilamente de hombros. Estaba realmente furiosa cuando le quitó el paño de las manos.

—¿Ofreciéndole consejo a Godfrey? ¿Recomendándole que envíe a sus clientes a otro bufete de Dublín? ¿Así es cómo pensabas ayudarme? —le espetó, sin esperar respuesta—. Porque a mí me parece que más bien estabas ayudando a uno de tus antiguos colegas, Shane Filan. ¿Te suena ese nombre?

Nicky levantó la cabeza, con expresión dolida. Y eso le gustó. Le gustó mucho porque quería hacerle daño.

—Claro que has oído ese nombre. Después de todo, tú lo recomendaste.

—Godfrey me pidió consejo sobre una situación hipotética y yo se lo di. ¿Quieres decirme cuál es el problema?

—¡Que ese es mi cliente! ¡Mi caso! No un caso hipotético, sino Emily Warner.

Los ojos de Chantal se llenaron de lágrimas y tuvo que apartar la mirada antes de poder continuar.

—No tenías derecho a interferir.

—Espera un momento...

—¡No pienso esperar nada!

—¿No crees que deberías hablar de esto con tu jefe?

—Lo he hecho. Pero mi jefe tiene un sobrino que es un abogado internacional...perdón, un ex abogado internacional, y su palabra es el Evangelio.

—Yo solo le dije lo que pensaba —replicó Nicky.

—¿Durante un partido de golf? ¡Por favor, no sabías de qué estabas hablando!

—Sabía lo suficiente como para discernir que era un caso complicado, que debía ser tratado por alguien con experiencia. Le di esa opinión y la mantengo.

—No crees que yo pueda hacerlo, ¿verdad? —preguntó Chanttal—. Como siempre.

—Si te refieres a lo que pasó en Barker Cowan, te equivocas. Enttonces estabas en tercerdo de Derecho y...

—No confiabas en mí.

—¿No crees que es hora de olvidar eso?

Hasta que Nicky volvió a su vida, pensaba haberlo olvidado. Pero él había conseguido despertar esa vieja inseguridad, las dudas sobre su habilidad profesional, aunque la voz de la lógica le decía que lo viese de otra forma. Respirando profundamente, estudió una mancha de aceite en el suelo.

—Es solo un caso, Chantal.

—¡Solo es el caso más importante de mi vida! Llevo semanas trabajando en él. Día y noche. Es el caso que he estado esperando. El que me dará prestigio profesional.

—Solo para medrar en tu carrera, ¿no?

No era una pregunta, era un afirmación. Tan fría como el brillo de sus ojos. Chantal hubiera querido decir que no, que la dejase terminar...

—¿Lo más importante no deberían ser tus clientes?

—Si, tienes razón.

—Me alegro de que estemos de acuerdo en algo.

Los dos se quedaron en silencio, incómodos.

—¿Qué más hablaste con Godfrey?

—¿Eso es asunto tuyo?

"No te metas en esto, Chantal", se dijo a sí misma. Pero no podía evitarlo.

—Estamos hablando del bufete en el que trabajo. Sí es asunto mío.

—No, y voy a darte un consejo —dijo Nicky entonces—. No creas que voy a hablar de trabajo contigo solo porque nos acostamos juntos.

Atónita por el tono y el mensaje, Chantal dio un paso atrás. Estaba advirtiéndole que no usara su relación para conseguir información privilegiada.
La idea era absurda. Ella intentaba resolver una situación y él acababa convirtiéndolo en una crítica personal. Qué mal pensaba de ella.
El dolor era tan terrible que tuvo que dar otro paso atrás.

—No te preocupes por eso —dijo en voz baja—. No vamos a seguir acostándonos juntos.

—¿Te rindes, Chantal?¿Te echas atrás?

Ella levantó la barbilla.

—Tú eres el experto en eso Byrne. ¿Qué crees?

—¿A qué te refieres?

—Parece que tú te has rendido mucho ultimamente. Tu trabajo, tu compromiso. Toda tu vida, en realidad.

Nicky aprettó los labios.

—Tú no sabes nada de eso.

—Y me pregunto por qué. ¿No será porque tú no me has contado nada? ¿Porque lo único que querías comparttir conmigo era la cama?

—Nunca te prometí nada más.

Pero durante la última semana, Chantal había soñado con un futuro más allá del dormitorio. Iincluso se convenció a sí misma de que la había llamado el viernes porque estaba preocupado y esa esperanza la hizo volar a su casa con ilusión renovada.
Para encontrarse con la bomba de Godfrey.
El hombre del que se creía enamorada no confiaba en su capacidad como profesional del derecho y no tenía ninguna confianza en su sentido de la ética.
Con la cabeza bien alta, Chantal decidió responder a ese bocado de realidad: Nicholas Byrne no le había ofrecido nada más que su cama.

—No, es cierto. No me promettiste nada más.


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Mensaje por mariposa Lun 17 Jun 2019, 5:22 pm

Capitulo 27

El orgullo la hizo salir del garaje intentando que no la viera llorar, intentando que sus movimientos no pareciesen mecánicos. El mismo orgullo la hizo salir adelante durante las siguientes semanas, llenando los días y las noches con cualquier trabajo tedioso y aburrido. Eso evitó que se lo contara a Julia y evitó que saliera corriendo a casa de Nicky.

El orgullo hizo todo eso, pero la honestidad la obligó a admitir una verdad: tenía razón sobre Shane Filan. Para construir el mejor caso posible, para asegurar que iban a ganar el juicio, Emily necesitaba a un profesional experto como él. Desgraciadamente, Emily no lo veía así.
Iincluso después de ir a Dublín para una reunión, insistía en que podían pasarse sin el arrogante abogado.
Dos semanas más tarde estaban en un impasse. Chantal acababa de enterrar la cabeza ente las manos cuando alguien llamó a la puerta.

—¿Va todo bien? —preguntó Godfrey.

—Sí, claro. Nada que yo no pueda solucionar.

—No lo dudo, pero a veces ayuda hablar de ello.

—¿Tienes una hora libre... o diez? —sonrió Chantal.

—Si no te importa hablar mientras caminas, la tengo. Viernes por la tarde, tarde de golf.

Chantal se echó hacia atrás en la silla. Durante las últimas semanas, aquella acusación de haberse echado atrás daba vueltas en su cabeza.
En realidad, cuando Mitch la llamó, estaba a punto de rogarle a Nicky que fuera al club de campo para sujetar su mano.
Había sido una cobarde.
Y aquella tarde podía compensar esa cobardía. Iría al club de campo y jugaría al golf.
Golpeando el escritorio con la mano, Chantal se levantó.

—Me apetece hablar y caminar a la vez. Gracias, Godfrey.

"Espero que ninguno de los dos lo lamente."

****

Media hora más tarde sintió la primera punzada de remordimiento. Nicky. En el club de campo, sacando una bolsa de palos del coche.
Su respuesta inmediata fue pisar el freno. Y se quedó allí, agarrada al volante, con el corazón acelerado, sin dejar de mirarlo. Más bien de comérselo con los ojos. La espalda recta, el pelo brillante,el ceño fruncido.
De repente él se detuvo como si la hubiera visto y el corazón de Chantal se detuvo también.
Nicky se detuvo para mirarla y ella no pudo apartar los ojos. La fuerza de aquellos ojos azules era hipnótica, imposible de resisttir.
El sonido de un claxon la obligó a salir de su ensimismamiento. Nerviosa, quitó el pie del freno y buscó un sitio para aparcar.
Cuando quitó las llaves del contacto vio a Godfrey saludándolo. No era un encuentro casual. Habían quedado para jugar.
Godfrey, Nicky y ella.

Evitar una conversación incómoda fue tan fácil como aparentar total concentración en cada golpe. Pero después de cuatro hoyos, Chantal estaba harta de esa táctica. ¿No quería probarse algo a sí misma? Esconderse detrás de las pelotas de golf no era forma de recuperar el respeto.
Y no hablar con su vecino, tampoco.
Cuando Godfrey se alejó hacia el siguiente hoyo, se acercó a Nicky, intentando sonreír.

—Kian me ha dicho que ya casi ha terminado de reparar el MG.

—Casi —dijo él, mirando a lo lejos.

—¿Y el jardín va bien? Julia cree que estará precioso dentro de un par de años.

—Así es.

Dos palabras, estaba mejorando.
Los dos observaron cómo la pelota de Godfrey volaba por el aire y caía en un banco de arena. Qué simbólico. Su corazón acababa de hacer el mismo arco.

—¿Has decidido qué vas a hacer con la granja? Porque ni siquiera te presenté al presidente de la cooperativa vitivinícola. Iba a hacerlo, en la boca.

Quizá el último intento de entablar conversación había sonado tan frenético como se sentía ella porque, por fin, Nicky la miró. Directamente a los ojos. Y parecía cansado. ¿Cansado?

—Fui a ver a Harrier.

—¿Ah, si?

—Su número está en la guía.

Sí, claro. Pero había sido incapaz de hacer aquella simple deducción. Con Nicky mirándola de esa forma, era incapaz de hacer nada.

—Se quejó porque le robé la pareja cuando estaba bailando contigo.

Sus ojos se encontraron entonces. Recuerdos de aquella noche explotaron tan vívidamente como si hubiera sido el día anterior.

—Menos mal que no estaba enfadado.

Cuando se alejó para dar su golpe, Chantal dejó escapar un largo suspiro. Se sentía ligeramente optimista. Sólo ligeramente.
Dos horas más tarde se encontró de nuevo sola con Nicky. La pelota de Godfrey había terminado al otro lado del green.

—No sabía que siguieras jugando al golf.

—Hacía tiempo que no jugaba. Hasta... Godfrey me invita a jugar todos los viernes desde que volví. Pensaba que tendría que pasarme la tarde rechazando ofertas de trabajo, así que le decía que no.

—Hasta el día que me fui a Dublín —murmuró Chantal.

—Sí. Ese día me invité yo mismo. Quería estar contigo —dijo Nicky entonces. La sinceridad de esa admisión la dejó sin aliento—. Quería decírtelo cuando volviste a casa. No lo hice y lo he lamentado desde entonces.

Por eso dijo que quería ayudarla... y ella no se había molestado en preguntar.

—Ojalá lo hubiera sabido.

—¿Habría cambiado algo?

—Probablemente, no —dijo Chantal en voz baja—. Supongo que los dos lamentamos lo que pasó ese día. En el calor del momento dije cosas que quería decir. Especialmente lo de abandonar tu trabajo —añadió. "Y lo de tu compromiso", pero eso no lo dijo en voz alta—. Lo siento, de verdad.

En ese momento sonó su celular, pero cuando iba a contestar, Nicky sujetó su mano.

—No contestes.

—Muy bien.

Él dejó escapar un suspiro de cansancio.

—No dejé mi trabajo. Me despidieron.

Chantal levantó la mirada, perpleja. Hubiera deseado suavizar las arrugas de su frente, besarlo para borrar la herida. Suave como el algodón dulce que Nicky decía que era y, sin embargo, fieramente posesiva, hubiera deseado matar dragones por él.

—¿Por qué te despidieron? ¿Eran idiotas?

—Tenían sus razones.

Conteniendo el aliento, Chantal le imploró en silencio que compartiera con ella esas razones. Era fundamental, una señal de que la incluía en su vida. Y cuando creyó que no podría soportar más el suspenso, su teléfono sonó de nuevo.

—Coontesta, Chantal. Puede que sea importante.

—No tan importante como...

No terminó la frase al ver quién la llamaba.
Era Kian. Su cuñado solo llevaba el celular por si le ocurría algo a Julia. Le quedaban unas semanas para el parto, pero...

—¿Es Julia? ¿Qué ha pasado?

Chantal oyó tres palabras: dolor, sangre y hospital, antes de que su corazón se encogiera de pánico.


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