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 El hombre más irresistible

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mariposa
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Fecha de inscripción : 06/07/2014

MensajeTema: El hombre más irresistible   Sáb 06 Dic 2014, 4:36 pm

Nombre: El hombre más irresistible
Autor: Bronwyn Jameson
Artista ó personaje: Nicky Byrne
Adaptación: Si
Género: Romance
Advertencias: Un poquito hot
Resumen: Chantal Goodwin era una mujer aparentemente fuerte e independiente que escondía una debilidad: el deseo que sentía por un hombre irresistible que acababa de regresar a la ciudad. Pero ahora estaba dispuesta a conseguir lo que tanto ansiaba, pasar una sola noche de pasión junto a él.
Y aunque aquel encuentro la había afectado más de lo que podía admitir, Chantal trató de convencerse de que podía soportar que él se marchara para siempre... Hasta que descubrió que aquella noche de pasión había creado una nueva vida...






Última edición por mariposa el Lun 07 Sep 2015, 11:38 am, editado 4 veces
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mariposa
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Fecha de inscripción : 06/07/2014

MensajeTema: Re: El hombre más irresistible   Sáb 06 Dic 2014, 4:47 pm

Capitulo 1



Nicholas Byrne no se quedó sorprendido al ver el Mercedes aparcado delante de su casa.
Irritado sí, resignado también, pero no sorprendido.

Incluso antes de identificar la matrícula supo que pertenecía a su tío o a su tía.
Seguramente los dos tenían el mismo modelo.

¿Quién más sabía de su llegada? ¿Quién más tendría interés en darle la bienvenida?
Esperaba que George o Gillian apareciesen tarde o temprano por allí, pero hubiera preferido que fuese más tarde. Varios años después habría sido perfecto.

Cuando la puerta se cerró tras él, Nicky dejó la pesada maleta en el suelo. Cansado del viaje, miró el vestíbulo de la casa en la que había vivido su infancia.

Llevaba un año vacía, pero el brillo del suelo y los picaportes era casi cegador. ¿Su tía Gillian con un plumero en la mano? Si tuviera fuerzas, soltaría una carcajada.

Fue de habitación en habitación, cada vez más intrigado. La música de rock que salía del estéreo no iba nada con su tía, aunque sí la clásica chaqueta gris que colgaba del perchero a la entrada.

En cuanto a las flores… sí, pensó, pasando un dedo por los delicados pétalos de una orquídea; eso sí era cosa de su tía, seguro.

Pero la mujer que estaba en el dormitorio de Nicky, la mujer con una ajustada falda gris que apartaba el edredón, no era la hermana de su padre.

De ninguna manera.

-¡Vamos Julia, contesta de una vez!

La voz suave, impaciente, hizo que apartase los ojos de la falda y mirase el teléfono celular que tenía pegado a la oreja. Con la otra mano intentaba poner orden en la melena oscura. Un mechón de cabello volvió a soltarse.

-Julia. ¿En qué estabas pensando? ¿No te dije que compraras sábanas masculinas? Nada de encajes, algo práctico –dijo ella entonces, levantando el edredón-. ¡Y se te ocurre poner sábanas de raso negro! –exclamó, quitándolas de un tirón-. Por favor Julia, sólo te ha faltado poner una caja de preservativos bajo la almohada.

Nicky levantó una ceja. ¿Sábanas de raso negro y preservativos? Un regalo de bienvenida más que inesperado. Sobre todo, por parte de sus tíos.

Además, él no esperaba regalos de nadie y menos de aquella tal Julia a quién la extraña estaba regañando por teléfono.

-Llámame cuando escuches este mensaje, ¿de acuerdo?

Corrección. Aquella tal Julia a cuyo buzón estaba regañando la extraña.

Divertido y un poco sorprendido, Nicky vio que la chica tiraba el teléfono sobre la mesita.

La mesita de cuando él era pequeño.

Las paredes también conservaban el color azul de su infancia. Él había querido que las pintasen de color rojo fuego, pero su madre se negó. Afortunadamente.

Su sonrisa nostálgica desapareció cuando la mujer se inclinó sobre la cama.

Santo cielo.

Nicky intentó no mirar, pero era humano. Y hombre. Y sin fuerza de voluntad. Un viaje de cinco mil kilómetros lo había dejado sin ella.

Hipnotizado, observó cómo la falda se levantaba, dejando al descubierto parte de los muslos y marcando un estupendo trasero.

Era lo primero que llamaba realmente su atención después de aquel viaje tan largo.

Levantándose la falda, la chica colocó una rodilla sobre el colchón para cambiar las sábanas. No era la cama en la que dormía de niño, sino la cama grande de la habitación de invitados, la antigua de muebles oxidados.

Y mientras cambiaba las sábanas, los muelles crujían con un sonido que evocaba otro movimiento muy diferente… un sonido que convirtió la diversión de observarla en una tortura.

Y la tortura era tan inapropiada como observar a aquella chica sin anunciar su presencia.

-¿Por qué está cambiando las sábanas?

Ella se dio la vuelta con un movimiento tan brusco que envió uno de sus zapatos volando por el aire. Al verlo se llevó una mano al corazón, atónita.

Tenía los ojos casi tan oscuros como el pelo. Ambos contrastaban con su complexión pálida, aunque la cara redondeada armonizaba con su cuerpo a la perfección.

-No sé quién es Julia ni por qué elige mis sábanas –continuó Nicky, rozando las sábanas de satén con el pie-. Pero a mí me parece que tiene buen gusto.

-No te esperábamos hasta dentro de dos horas. ¿Por qué has llegado antes?

Había algo en su expresión que le resultaba familiar. Y lo tuteaba.

-A veces los aviones llegan a su hora. Y en la autopista no había tráfico.

Ella miró por encima de su hombro.

-¿Has venido solo?

-¿Debería haber venido con alguien?

-Pensábamos que vendrías con tu novia.

De ahí que estuviera haciendo esa cama, pensó Nicky. Y sería buena idea si siguiera teniendo una novia con la que compartir cama.

En cuanto al resto…

-¿Pensábamos?

-Mi hermana Julia y yo. Me está ayudando a preparar la casa.

De nuevo, Nicky tuvo la impresión de que la conocía de algo.

-Y ahora que sabemos quién es Julia, me gustaría saber quién ere tú.

-¿No me reconoces?

-¿Debería?

-Soy Chantal Goodwin –contestó ella, levantando la barbilla, como retándolo a llevarle la contra.

Nicky estuvo a punto de soltar una carcajada de incredulidad. Cuando estaba en la universidad, Chantal Goodwin era secretaria en el bufete de Baker Cowan. Él mismo le había buscado el trabajo, pero no recordaba que tuviese un trasero tan llamativo. Recordaba más bien que era como un grano en el trasero.

-¿Chantal?

-Supongo que he cambiado un poco.

¿Un poco? Parecía otra mujer.

-Entonces llevabas aparatos en los dientes.

-Sí, es verdad.

-Y eras más delgada.

-¿Me estás llamando gorda?

-No, estoy diciendo que has mejorado mucho con la edad.

Chantal parpadeó, como si estuviera intentando decidir si aquello era un cumplido.
Tenía las pestañas muy largas, los ojos bonitos… y Nicky se dio cuenta de que le gustaba mucho.

-Bueno, Chantal Goodwin, ¿qué haces en mi dormitorio?

-Trabajo en el bufete de tu tío.

-Eso no explica por qué estás en mi dormitorio.

Ella sonrió entonces. Una sonrisa preciosa.

-Es que vivo muy cerca y …

-¿En la casa de a lado?

-Sí.

-Y estás haciendo mi cama como una buena vecina. ¿Un regalo de bienvenida? –preguntó Nicky, inclinándose para tomar el zapato perdido.

-Gracias.

-De nada.

Tenía los ojos oscuros, de color café. Su piel era muy clara, de aspecto suave como el terciopelo.

-Como estaba diciendo, Godfrey y Gillian querían que la casa estuviera habitable antes de que llegases. Y como yo vivo tan cerca me ofrecí voluntaria…

Ah. Su tío, el jefe de Chantal, le había pedido que se ofreciera voluntaria. ¡A la Chantal Goodwin que él conocía le habría encantado el encargo.

-¿Tú has limpiado la casa?

-No, en realidad contraté a un servicio de limpieza. Pero las sábanas están guardadas y no quería abrir los cajones, así que le pedí a Julia que comprase un juego.

-¿Julia también trabaja para Godfrey?

-No, por Dios. Es que yo no tenía mucho tiempo y le pedí ayuda.

-¿Para comparar sábanas…?

-Eso es. De todas formas, estas –dijo Chantal entonces, señalando la cama- son mías. Y como tuve que ir a casa a buscarlas, llego tarde.

-¿Llegas tarde?

-Tengo que volver al trabajo –contestó ella, volviéndose para terminar de hacer la cama-. Julia ha llenado el refrigerador. Y ha dado de alta el teléfono y la luz, por supuesto.

Chantal siguió haciendo la cama y él la observó de brazos cruzados. Le irritaba aquella actitud tan profesional.

-Déjalo.

-¿Puedes hacer la cama tu solito?

-¿Crees que no puedo?

-La verdad es que no –sonrió ella-. De hecho, no conozco a un solo hombre que sepa hacerse la cama.

La diversión terminó en cuanto sus ojos se encontraron. En cuanto apareció de repente la imagen de unas sábanas arrugadas, de dos cuerpos sudorosos…

-Yo… -Chantal apartó la mirada-. Tengo que irme. Es muy tarde.

Nicky le ofreció el celular y, cuando se lo daba, notó que le temblaba la mano. Ella dio un paso atrás. Con desgana, lo sabía. A Chantal Goodwin no le gustaba echarse atrás.

-Una cosa antes de que te vayas. Has hecho un trabajo excelente, considerando que no eres una criada.

-Gracias… supongo.

-¿Qué ganas tú con esto?

-Como te he dicho, vivo aquí al lado…

- Y todo esto… -dijo Nicky entonces, señalando alrededor- debe haberte hecho ganar muchos puntos.

Chantal levantó una expresiva ceja.

-¿Tu crees?

-Estoy seguro.

-Entonces será mejor que vaya a ver qué puedo negociar.

Nicky se quedó inmóvil, escuchando el  taconeo de sus zapatos por el pasillo. Volvía al bufete para recoger sus puntos.

Para medrar en su carrera, sin duda. Debería haberlo imaginado inmediatamente.

Curioso que no la hubiera reconocido, pensó.

Aunque la verdad era que no solo había cambiado. Se había metamorfoseado. Pero lo más gracioso fue su propia respuesta. Prácticamente estaba olisqueando el aire a su alrededor, como un perro en celo.

Debía ser la falta de sueño, se dijo. Eso y la emoción de volver a casa. Todo eso combinado con el inesperado encuentro en su dormitorio… era lógico haberse dejado llevar durante un minuto.

La próxima vez que se encontrasen estaría preparado.



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mariposa
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MensajeTema: Re: El hombre más irresistible   Sáb 13 Dic 2014, 5:22 pm

Capitulo 2

Chantal No quitó el pie del acelerador hasta que un coche patrulla le dio las luces de advertencia en la autopista. Pero aún después, su corazón seguía latiendo como un tambor.
Y no era por miedo a una posible multa, sino por su encuentro con Nicky Byrne.
¿Cuándo se supone que muere un amor adolescente? En su caso nunca, por lo visto. En aquel momento estaba tan nerviosa como el día que lo conoció.
Se había sentido fascinada por él durante años, desde que sus padres le contaban las gloriosas hazañas de Nicky en el internado al que lo enviaron cuando su madre murió. Después, en la Universidad de Derecho y, por fin, cuando consiguió un puesto en un bufete de fama internacional.
Había conseguido todo lo que ella quería y todo lo que sus padres hubieran deseado. Oyó hablar mucho de Nicky Byrne antes de conocerlo y lo había adorado desde lejos. Y de cerca merecía aún más esa adoración.
Aún se ponía colorada al recordar el momento en que lo vio enla puerta del dormitorio. Una estructura ósea perfecta, boca de labios sensuales, profundos ojos azules y cabello rubio un poco despeinado.
Tan irresistiblemente masculino. Tan exáctamente como un hombre debería ser.
Chantal dejó escapar un suspiro al recordar cómo la había mirado. Como si estuvieran en aquel dormitorio con otro propósito...
En la época del bufete de Barker Cowan solo la miraba como un fastidioso o, en alguna ocasión que todavía la hacía sentir angustia, con frío desdén.
¿Y no tenía una prometida en Dallas, o en Denver, o donde hubiera vivido durante los últimos seis años? Kristin era us nombre, si mal no recordaba. La había llevado a casa para el funeral de supadre y era exáctamente a clase de mujer que Nicky Byrne elegiría como esposa, alta, guapísima, segura de sí misma... la antítesis de ella misma, que era bajita, insegura y ni guapa ni fea.
Debía haber interpretado mal esa mirada, se dijo. Quizá estaba más cansado de lo que parecía. Después de todo, ni siquiera la reconoció. Y ella se quedó... atónita al verlo. Además, había oído su conversación con Julia:
"Por favor, Julia, solo falta una caja de preservativos debajo de la almohada"
Y ella se había quedado mirándolo como una tonta... como una tonta sin un zapato.
Chantal veía el zapato negro dando vueltas en el aire en cámara lenta...
Menuda primera impresión para "doña perfecta y eficiente abogada".
Especialmente cuando dar una buena impresión era lo más importante para ella. Godfrey le había pedido que llenase el refrigerador y contratase un servicio de limpieza, pero Chantal había querido que la casa estuviera perfecta para recibirlo.
Para impresionar al sobrino de su jefe, para impresionar a su jefe.
Había querido salir d ela casa antes de que llegase Nicky Byrne, pero no contó con la debacle de las sábanas... culpa de Julia,por supuesto.
Suspirando, sacó el celular del bolso y volvió a marcar el número de su hermana.

-¿Dígame? -contestó Julia, sin aliento.

-¿Dónde estabas? Espero que no andes corriendo...

-Tranquila, hermanita. Ya sabes que yo no corro por nadie.

Al fondo oyó una voz masculina. Una voz masculina que protestaba por la interrupción.

-¿Kian no debería estar trabajando?

-Estamos haciendo planes para nuestra luna de miel.

Chantal levantó los ojos al cielo.

-Por favor... estás embarazada de siete meses. ¿No deberías estar decorando la habitación del niño?

Julia soltó una carcajada.

-Terminé de decorarla hace semanas. Por cierto, ¿donde estás?

-Voy de camino a la oficina. Y gracias a tí llego tarde.

-¿Gracias a mí?

-¿No has oído el mensaje que te dejé antes?

-Lo siento, es que estábamos ocupados- rió Julia- Bueno, fuera cual fuera el problema, seguro que lo has resuelto.

-El problema son esa sábanas negras que compraste.

-No son negras, son azul noche. Precen negras, pero a la luz del día tienen un brillo... son muy sensaules, ¿verdad?

Chantal nunca hubiera descrito una sábanas como "sensuales", al menos no conscientemente. Y antes de Kian, tampoco Julia pensaba esas cosas.

-Sobre la fiesta de esta noche... ¿puedes ir a vuscar las bandejas de canapés?

-Es que esta noche...

-¿Nada! Eres mi única hermana y tienes que venir a mi despedida de soltera -la interrumpió Julia.

-Sóo iba a decir que llegaré un poco tarde.

-Ah, entonces le diré a Tina que traiga los canapés. Pero no llegues demasiado tarde y no olvides que tienes que venir disfrazada.

¿Cómo iba a olvidarlo? La otra dama de honor, Kree, la hermana de Kian, se había hecho cargo de todo porque, en su opinión, la fiesta que ella había organizado era aburrida. Cuestión de opiniones, pensaba Chantal. Algunas personas preferían sus elegantes cenas.

-No se me olvidará.

-¿Seguro? -insistió Julia.

-Seguro. Pero me gustabas mucho más cuando era yo quien te mangoneaba. Estás muy mandona utimamente.

Su hermana soltó una carcajada.

-¿De qué vas a venir disfrazada?

- De abogada.

-Pero...

-Antes de colgar, tengo que darte las gracias -la interrumpió Chantal.

-¿Por qué?

-Por llenar la nevera.

-No me des las gracias, dale una tarjeta mía y punto -contestó Julia. Chantal se preguntó si podría meter la tarjeta por debajo de la puerta- Y podrías recomendarme. Si ese tal Nicky Byrne de tu jardín, comprobará que soy una paisajista estupenda.

-A lo mejor no quiere que hagas nada. Puede que solo esté aquí unos días.

-¿No le has preguntado a Godfrey?

-Le pregunté,pero creo que no sabe mucho sobre los planes de su sobrino.

-Eso se arregla fácilmente. Pregúntale tú misma.

Chantal se movió, incómoda en el asiento. Por alguna razón, no le apetecía hablar con Julia sobre su encuentro con Byrne.

-Mejor no.

-¿Por qué?  Creí que preguntar era lo que un abogado hace para ganarse la vida.

-Ves demasiada televisión -replicó ella, irónica.

En realidad, se pasaba más leyendo informes y documentándose que en los tribunales. Pero algún día las cosas cambiarían, se dijo. Y seguramente los puntos que había ganado aquella semana acelerarían el proceso.

-Entonces, ¿lo verás este fin de semana? -insistió Julia.

-¿No crees que el diseño del jardín podría esperar hasta después de tu boda?

-¡De ninguna manera! Necesito hacer algo, además de pasarme el día preocupada por si llueve el día de mi boda.

-Tenías que casarte al aire libre, claro -suspiró Chantal.

-Pues si. He elegido casarme al aire libre. Y decidí esperar hasta la primavera para que los invitados disfrutaran de un bonito paisaje.

-¿Además de tu enorme barriga?

-Eres muy graciosa, guapa.

Tras despedirse de su hermana, Chantal frenó en el primero de los tres semáforos que había en la calle principal. Con su mala suerte, seguro que le tocaban los tres en rojo, pensó.
Cuando iba a poner el estéreo, recordó que había dejado un CD en casa de Byrne. Como si le hiciera falta otra razón para volver allí.

"Pregúntale tú misma"

Si Julia supiera...

Nole había preguntado nada de lo que debería preguntar. Yno estaba pensando en el diseño del jardín.
No le había hecho ninguna de las preguntas que daban vueltas en su cabeza desde que supo de su regreso a casa.
Preguntas como: "¿por qué un famoso abogado como tú decide volver a Irlanda?"
O como: "¿Godfrey te ha ofrecido un puesto en el bufete?

Preguntas cuya respuesta podría influir en sus propias aspiraciones profesionales.
Levantando la barbilla, Chantal se recordó a sí misma que ya no era una adolescente. Era una mujer de veinticinco años que procuraba olvidar su miedo de no estar a la altura concentrándose en lo único que sabía hacer: trabajar.
De modo que tenía que hacerlo.
Al día siguiente volvería y haría todas esas preguntas.



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mariposa
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MensajeTema: Re: El hombre más irresistible   Lun 22 Dic 2014, 5:15 pm

Capitulo 3

Dos minutos más tarde, Chantal dejaba el coche en el aparcamiento del bufete Mitchell Ainsfied Butt.
Afortunadamente, encontró un istio libre. Quizá su suerte empazaba a mejorar, pensó.
Aunque no pensaba apostar por ello.
Con las llaves y el bolso en una mano, tomó el maletín y los archivos con la otra y cerró la puerta con la cadera... de algo tenía que valer tener buenas caderas, pensó mientras pasaba entre los coches.
La puerta de la oficina se abrió cuando estaba subiendo el primer escalón.
Y sí, su suerte parecía haber cambiado porque el hombre que abrió la puerta, el hombre que la ayudó con los archivos, era el propio Godfrey Butt.

-Cuántos papeles.

-Los archivos del caso Warner. He habalado con Emily y...

-Estupendo, estupendo -la interrumpió él, dejando la carpeta sobre la mesa de su despacho- ¿Y el otro trabajito? la casa está preparada para la llegada de Nicholas, supongo.

-Sí, por supuesto -sonrió Chantal- Incluso he comprado flores.

-¿Flores, eh? Qué detalle. Seguro que Nicholas agradecerá tanto esfuerzo.

Chantal no estaba segura, pero, ¿quién era ella para discutir cuando su jefe parecía tan contento? ¿No era por eso precisamente por lo que se había molestado tanto?

-¿Tiene unos minutos, señor Butt? Me gustaría hablar con usted sobre lo que me ha dicho Emily Warner.

-¿Es urgente?

-Es importante.

-¿Cuándo es el juicio, la semana que viene?

-El mes que viene, pero me gustaría pedirle consejo.

-Dile a Linda que te busque una hora la semana que viene -contestó su jefe- Por cierto, ¿tú juegas, Chantal?

¿Si jugaba a qué? Entonces Godfrey hizo un gesto con las manos, como si estuviera golpeando algo con un palo. Ah, claro, el partido de golf con la crema y nata de Clifford. El viernes.

-Hace tiempo que no juego. Seguramente estoy desentrenada.

¿Desentrenada? Qué risa.

-Toma unas lecciones. El profesor del club de campo ha hecho maravillas con el doctor Lucas -sonrió Godfrey Butt- Cuando estés preparada,podrás hacer unos hoyos con nosotros.

-Eso sería... -Chantal no sabía cómo decirlo. ¿Perfecto? ¿Aterrador? ¿Las dos cosas? Nerviosa, tuvo que tragar saliva- Gracias, señor Butt.

La puerta se cerró tras él y Chantal no sabía si ponerse a dar saltos de alegría o darse de cabezazos contra el escritorio. Porque Godfrey Butt la había invitado con una condición:
"Cuando estés preparada"
Cuando pudiera usar un palo de golf como si llevara haciéndolo toda la vida. Cuando no enviase la pelota al agua.
Eso fue precisamente lo que pasó la última vez que intentó "jugar" al golf. Y las comillas eran porque la palabra "jugar" significaba divertirse, pero no había diversión alguna en aprender a jugar al golf bajo la tutela de su hermano mayor.

-Pero Mitch no era buen profesor -murmuró para sí misma- Por no habalr de cómo se reía de mi ineptitud. ¿Cómo podía aprender en esas condiciones? Con un profesor decente y una buena motivación, aprenderé a golpear esa estúpida pelota aunque sea lo último que haga.

Como lo había aprendido todo. Preparación, práctica y paciencia. Con ese credo personal había llegado donde estaba.
¿Y el sexo?, le susurró una vocecita.
Eso era otra cuestión. Preparación inadecuada, práctica insuficiente, tutor impaciente...
Chatal tomó la guía de teléfonos mientras abría su agenda. Borró la hora en la peluquería y otras seis cosas más, incluyendo "comprar faldas una talla más grande" y lo sustituyó todo por clases de glof.
Odiaba el golf, pero empujaría la bolita blanca con la nariz si así conseguiría un ascenso en el bufete, si la ayudaba a representar a clientes como Emily Warner. Su trabajo no era aburrido, más bien rutinario, pero ella necesitaba un reto, algo estimulante.

-Club de campo, dígame.

-Necesito unas clases de golf urgentemente. ¿Cuándo puedo empezar?



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MensajeTema: Re: El hombre más irresistible   Sáb 27 Dic 2014, 6:52 pm

Capitulo 4

Veinticuatro horas más tarde, Chantal estaba mirando por una de las ventanas de la casa de Nicky, pero la casa parecía estar vacía. Además, había llamado varias veces sin recibir respuesta.
Quizá Nicky estaba dormido, se dijo. Y no quería que abriese la puerta en calzoncillos, sin camisa, despeinado...
Entonces sintió un escalofrío de aprensión. O esperaba que lo fuese. ¿Aprensión por ver a un hombre en calzoncillos? Después de soportar la fiesta que Kree O'Sullivan organizó la noche anterior, aquello debería ser muy fácil.
De modo que llamó a la puerta de nuevo, aquella vez golpeando el llamador de bronce como si quisiera despertar a todo el pueblo.
Aunque estuviese dormido como un tronco tenía que oírlo.
Mientras esperaba, golpeó el suelo del porche con la punta del zapato de dos colores. Eran sus zapatos de golf, comprados trea años antes... pero que solo s ehabía puesto un par de veces.
Nada.
De nuevo miró por la ventana, aplastando la cara contra el cristal para ver si...

-¿Buscas a alguien?

Chantal se volvió a la velocidad del rayo, colorada como tomate. La había atrapado con las manos en la masa. O la nariz en el cristal, más bien.
No iba en calzoncillos, aunque eso era irrelevante. Y no estaba recién salido de la cama... a menos que durmiese con un polo verde oliva y unos jeans gastados en ciertos sitios. Y a menos que durmiese de forma vigorosa,porque tenía la frente cubierta de sudor.
Nicky la miraba con una ceja levantada, esperando respuesta. Pero ella no podía pensar teniéndolo tan cerca.
"¿Buscas a alguien?"  Sí, eso era lo que le había preguntado, con aquella voz ronca que la ponía tan nerviosa.

-He llamado varias veces y como no contestsbas... pensé que no estarías en casa. O que estarías dando un paseo.

-¿Y qué hacias mirando por la ventana?

Maravilloso. No solo la atrapaba espiándolo, sino que la hacía sentirse como una imbécil.
Chantla se irguió todo lo que pudo. A la luz del día, sus ojos parecían mucho más verdes, como si hubieran absorbido el color del jardín.

-He llamado tan fuerte como para despertar a los vecinos.

Aunque la única vecina era ella y estaba bien despierta.

-Te he oído. Estaba en la parte de atrás, cortando leña.

De ahí el sudor de la frente y los antebrazos, pensó Chantal. Pero debía concentrarse en otra cosa.
"Cortando madera" Maldición. No había pensdo en eso.

-No se me ocurrió pensar en la chimenea.

-¿Y si lo hubieras pensado?

-Habría comprado leña.

-Pues me alegro que no lo hicieras.

Nicky se apoyó en una de las columnas del porche y Chantal intentó no mirar los pantalones gastados, ni el vello de sus antebrazos. Intentó no sentir aquella respuesta física a su masculinidad.
"Concéntrate, Chantal. A esta distancia puedes disfrutar de una conversación agradable y sacarle información sin que parezca un interrogatorio.

-¿Por qué te alegras de que no haya comprado leña?

-Me gusta hacer ejercicio -contestó él, mirándola fijamente. Llevaba un suerte amarillo con el logo del club de campo, una faldita balnca, calcetines y.. aquellos zapatos de dos colores- Y parece que a ti también.

-¿Cómo?

-Que te gusta hacer ejercicio.

-Sí, tengo una clase de... un partido de golf esta mañana.

Nicky Byrne emitió un sonido que podría haber significado cualquier cosa. 
Sin darse cuenta, Chantla apretó la tarjeta que llevaba en la mano.

-Mi hermana Julia...

-¿La decoradora?

-En realidad, es diseñadora d ejardines. Es una paisajista extraordianria y...

-¿Ella trajo las flores?

-No,las traje yo.

-¿Y la comida?

-Juia trajo la comida y las sábanas. Yo traje todo lo demás.

-Menos la leña.

"Por favor, qué hombre tan exasperante", pensó ella. Primero aparecía sin avisar, con aquel aspecto tan... tan masculino y después la interrumpía constantemente.

-Julia de dedica a arreglar jardines descuiddos y le encantaría echarle un vistazo al tuyo... si estás interesado. Si piensas quedarte.

Nicky sonrió entonces.

-Ah, entonces has venido a verme para saber si pienso quedarme.

-Es lógico que sienta curiosidad. Todo el pueblo...

-¿Tu has venido para satisfacer la curiosidad de todo el pueblo o por alguna razón personal?

Chantal levantó la barbilla.

-Le prometí a i hermana que te daría su tarjeta.

-Vamos, Chantal. No has vebido aquí para hablar de mi jardín. ¿Qué es lo que quieres saber?

-¿Por qué crees que tengo motivos ocultos?

-Porque eres abogada.

-¿Y tú qué?

-Yo soy un ex abogado.

¿Ex? Chantal lo miró, perpleja.

-Entonces, ¿no has venido para unirte al bufete de Godfrey Butt?

-Claro que no -contestó Nicky- ¿Tenías miedo de que te quitara el puesto?

-Me gusta saber dónde estoy -replicó ella- ¿Y qué piensas hacer?

-Por el momento, nada que me aburra. Pero aún no he decidido qué.

-¿No piensas quedarte?

-No he decidido nada.

-¿Y tu novia?

-No tengo novia -contestó él, apretando los labios- ¿No tienes que irte a jugar al golf?

Chantal hubiera querido hacerle más preguntas, pero Nicky la tomó del brazo para llevarla hasta el coche. Y tenía la impresión de que si clavaba los tacones en el suelo la echaría a empujones.

-Bonito coche. Una abogada de pueblo debe ganar más de lo que yo pensaba.

-¿Tienes algo contra los abogados de pueblo? -replicó ella, herida.

-No si me dejan en paz. Aunque no te imaginaba trabajando con Godfrey.

Chantal se quedó calalda un momento. ¿Nicky había pensado en ella?

-¿Y cómo me habías imaginado?

-En un gran bufete de Dublín o algo así. Siempre has tenido los dientes afilados... aunque ahora, sin el aparato, son mucho más bonitos.

Chantal sonrió mostrando todos sus dientes y él soltó una carcajada. Y allí, a su lado, con la mano del hombre sujetando su brazo, sintió un escalofrío que la recorrió entera.
Sin dejar de sonreír, ¿cómo había podido olvidar esa sonrisa?, Nicky Byrne golpeó la esfera de su reloj.

-No querrás perderte el primer hoyo.

Ella entró en el coche, pero no pensaba irse sin decir todo lo que tenía que decir.

-Necesitas ayuda con el jardín...

-Yo me encargo de mi jardín, gracias.

-Hace falta algo más que músculos para arreglar este desastre.

-Yo lo haré.

Parecía tan seguro de sí mismo que Chantal no lo dudaba. Cortaría la leña, arreglaría el jardín y seguramente también arreglaría las cercas y levantaría una granja de pollos en sus ratos libres. Pero eso no significaba que ella no fuera a decir la última palabra.

-Julia es una paisajista estupenda. Si quieres comprobarlo, ve a ver mi jardín un día de estos.

Arrancó el coche sin mirar atrás, preguntándose or qué la última frase había sonado a: "ve a verme, te espero impaciente"
"No debería gustarte tanto Nicky Byrne. Esa bromita sobre el bufete en Dublín no ha tenido ninguna gracia. Y aunque le has preguntado, sus respuestas no han sido precisamente claras. Es imposible que un hombre como él esté sin hacer nada durante mucho tiempo. ¿Y entonces qué? ¿Crees que Godfrey no le hará una oferta que ni un santo podría rechazar? Y Nicky Byrne nunca ha sido un santo".
Apesar d etodo, apesar de que había olviddo darle la tarjeta de Julia, a pesar de que olvidó pedirle el CD, Chantal se encontró a sí misma canturrenado.
Además había dicho la última palabra.
Y lo había hecho reír.
Y no tenía novia.



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MensajeTema: Re: El hombre más irresistible   Miér 31 Dic 2014, 5:38 pm

Capitulo 5

Nicky observó el coche alejándose por el camino. Solo entonces se dio cuenta de que estaba sonriendo. Chantal Goodwin había querido decir la última palabra, estaba claro.
Era una buena competidora la señorita Chantal Goodwin. Eso no había cambiado en absoluto.

La sonrisa murió en sus labios entonces, tan rápido como un parpadeo de sus grandes ojos castaños. Si pudiera eliminar la respuesta sexual ante aquella chica sería un hombre feliz. No, un hombre satisfecho. La palabra "feliz" no podría aplicarse en... no sabía cuántos años.

Inmerso en su carrera profesional, no se percató de que había olvidado sus prioridades. No pensó en la falta de alegría ni en la falta de ética. La palabra "feliz" ni siquiera entraba en su vocabulario y había sido necesario un evento desolador para abrirle los ojos, para enviarlo de vuelta a Connemara.
La verdadera felicidad, la clase de felicidad en la que uno ni siquiera piensa, estaba unida a los recuerdos de su infancia, antes de que su madre sucumbiera al cáncer y su padre perdiese toda ilusión por la vida.

Veinte años.

Nicky se pasó una mano por la cara. No sabía cómo iba a reunir las piezas de su vida, solo que aquel era el lugar para hacerlo.
No había mentido sobre sus planes. Pensaba hacer lo que le diera la gana, día tras día, hora tras hora. Viviría en jeans y camiseta y se bebería todo el vino de la bodega de su padre. ¿Quién sabe? Incluso podría empezar a dormir más de cuatro horas diarias.

En la distancia, donde la carretera tomaba una pendiente, vio un brillo plateado. Chantal Goodwin de camino al club de campo.
Y no sería un fin de semana de risas con sus amigas. Seguro que tenía planes muy específicos para el golf, como los tenía cuando fue a visitarlo. No tenía nada que ver con su hermana, ni con el jardín. Su carrera era lo único que la interesaba.
Y había ido allí para enterarse de si quería su puesto en el bufete.

Nicky sonrió, irónico. Sin duda Godfrey le haría alguna oferta. La esperaba. Pero su tío o no, benefactor o no, no pensaba aceptar. Más tarde, en un futuro, quizá se pondría de nuevo el traje de chaqueta, pero no volvería a practicar la abogacía. No pensaba volver a saber nada de su profesión.

Y especialmente de las mujeres que se dedicaban a su profesión.



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MensajeTema: Re: El hombre más irresistible   Jue 15 Ene 2015, 5:14 pm

Capitulo 6

Allí estaba. Corriendo de un lado a otro como una ardilla reuniendo nueces para el invierno. ¿Qué estaría tramando?
Distraído por la lejana figura. Nicky se llevó una mano a la cara... pero se le había enganchado la manga de la camiseta en una esquina del viejo rosal y tuvo que soltarse de un tirón.
Después de tres horas cortando matorrales, estaba harto. Tenía que haber una forma más fácil de limpiar aquello.
Entonces miró a Chantal. Se lanzaría de cabeza sobre el rosal antes de admitir que necesitaba ayuda, pero así era.
El día anterior echó un vistazo sobre la jungla enla que se había convertido el jardín que fue el orgullo de su madre. Necesitaba ayuda o, al menos, consejo profesional. Y si dicho profesional conducía a un bulldozer, mejor... aunque no podía imaginar a la hermana de Chantal Goodwin a los mandos de tan pesada maquinaria.
Mientras pensaba en ello, Nicky esperaba, pero no volvió a ver el jersey rojo de Chantal.
Nole sorprendía. Llevaba dos horas yendo de un lado a otro. De repente aparecía entre los árboles de du casa y desaparecía después.
¿Qué demonios estaría haciendo?
Una cosa estaba clara: vigilarla desde su casa no le daba ninguna pista.
¿No lo había invitado a pasar por allí para ver su jardín?, pensó entonces. Además, no le había dado las gracias por poner su casa en orden y eso le pesaba en la conciencia.
Casi podía ver a su madre sacudiendo la cabeza, con gesto de reproche:
"¿Es que no te he enseñado buenos modales, Nicholas?"
Decidido a arreglar el asunto, Nicky saltó la valla para ir a casa de Chantal Goodwin.

La encontró detrás de los árboles. Allí estaba, sujetando un palo de golf con gesto concentrado.
Con la misma faldita blanca del día anterior, golpeaba un grupo de pelotas colocadas en el suelo. Después de mover las caderas de una forma que le dejó la boca seca, Chantal levantó el palo y lo dejó caer
Tan concentrada estaba que no lo había oído llegar, de modo que siguió enviando pelotas de golf al prado que había detrás de la casa.
Entonces entendió el comportamiento de ardilla. Iba por todo el prado buscando pelotas y devolviéndolas al jardín para golpearlas de nuevo.
Una y otra vez.
Había vsito esa extraordinaria dedicación cuando trabajaba con ella, pero supuestamente e golf era un juego para relajarse. Además, era domingo por la tarde.
Cuando la última bola rebotó en el tronco de un árbol, ella dejó caer los hombros.

-¿El partido de ayer no fue bien?

Chantal se volvió, con expresión indignada.

-¿Desde cuándo estás ahí?

-El tiempo suficiente.

-¿Ah, si? Pues entonces habrás comprobado que el viejo adagio no es cierto: con la práctica no siempre se llega a la perfección.

-¿Has oído alguna vez que los malos hábitos se refuerzan con la práctica?

-¿Qué malos hábitos?

-La postura, por ejemplo. Tienes que controlar la parte inferior del cuerpo. Y debes relajarte.

-¿Estabas mirando la parte inferior de mi cuerpo? -replicó ella, furiosa.

-Pues si. Pero en mi defensa debo decir que llevas falda -sonrió Nicky, mirando descaradamente sus piernas.

Chantal parpadeó, como si no estuviera acostumbrada a los piropos. Raro en una mujer como ella.

-Supongo que no habrás venido aquí para criticar mi postura. ¿Qué quieres saber, Byrne?

Estaba repitiendo sus palabras... pero, claro, Chantal Goodwin era abogada. Entonces se le ocurrió pensar que desde que entró en ese jardín lo estaba pasando bien. Un pensamiento desconcertante, dada la compañía.

-No te he dado las gracias por arreglar mi casa. Sé que es un poco tarde, pero...

-¿Has venido solo para darme las gracias?

-Y para pagarte los gastos.

-Godfrey se ha encargado de eso.

Nicky apretó los labios. Aparentemente, no quería una recompensa por su esfuerzo.

-Muy bien. Pero te debo algo por el tiempo y la molestia.

-No es nec...

-¿Qué tal una lección de golf? -la interrumpió él- Podemos solucionar el asunto de la parte inferior del cuerpo.

Chantal se puso colorada y Nicky tuvo que contener una risita. No había querido insinuar nada, pero... su cuerpo estaba respondiendo de la forma más absurda.

-Me refiero al golf.

-Sí, claro -murmuró ella, levantando la barbilla- ¿Y cómo sé yo que eres bueno jugando al golf?

-Interesante pregunta.

¿Sabía lo que estaba haciendo? ¿Quería tentarse a sí mismo tocando a Chantal Goodwin?
Pero al ver su expresión escéptica, le quitó el palo y golpeó una pelota lanzándola hacia... Dublín.

-¿Qué te parece?

-Tú eres un hombre. Te resulta fácil enviar lejos la pelota.

-Sí, claro, la longitud es impresionante -sonrió Nicky. Y estaba hablando de golg, a pesar de que ella bajó la mirada. A pesar de que su... longitud parecía estar despertando a la vida- Pero no es la única consideración. La puntería es crucial.

Seguidamente, ilustró la frase enviando una pelota entre dos árboles.

-Muy bien. Primero tienes que recuperar todas las pelotas.

-Más tarde. Primero tienes que intentarlo otra vez.

Nicky le ofreció el palo, pero ella vaciló. Irritado, lo puso en su mano. Unas manos muy suaves, pensó, sintiendo un pellizco en el bajo vientre. Lo que había temido.

-¿Qué te ha pasado en las manos?

Nicky siguió la dirección de su mirada. Pero, por un momento, solo pudo pensar en aquella mano suave envolviendo el duro palo...

Saudiendo vigorosamene la cabeza, consiguió borrar aquellos pensamientos. Y vio entonces los añarazos. Se había olvidado de los matorrales...
Pero estando tan cerca de Chantal Goodwin uno podría olvidarse hasta de su propio nombre.

-He estado trabajando en el jardín.

-Creí que no pensabas hacer nada que te aburriese.

-Pienso hacer lo que me apetezca. Y hoy me apetecía trabajar en el jardín.

-¿Sin guantes? ¿Te has curado esos arañazos?-

-¿Cómo?

-Poniéndote antiséptico, por ejemplo. O agua oxigenada -contestó ella, mirándolo a los ojos.

Y entonces Nicky sintió algo que no era solo deseo.
Algo que le dio mucho miedo.

-¿Eso quiere decir que no piensas hacer de enfermera? -sonrió, para romper la tensión.

Pero las palabras quedaron colgando en el aire mientras Chantal miraba sus manos, sus brazos, su abdomen... Estaba acalorada y Nicky supo que estaba pensando tocarlo en todos esos sitios.
Aquella vez el calor que sintió en el bajo vientre era puro deseo, tan intenso que lo dejó paralizado durante unos segundos.
Ella levantó la mirada. Estaban tan cerca que podía ver el borde oscuro de sus ojos castaños, los puntitos dorados... Eran unos ojos en los que cualquier hombre podría perderse.
Durante aquellos meses, Nicky había querido perderse, pero nunca en los ojos de una mujer cuya única pasión fuese su carrera.

-No se me dan bien los juegos -dijo Chantal entonces. Y su voz, un poco ronca, parecía acariciarlo- El golf, los médicos...

Él soltó una carcajada.

-Y aprender a jugar al golf es más importante que mis arañazos. Vamos, hermosa -dijo, señalando la pelota- Enséñame lo que sabes hacer. Dale un buen golpe.

-¿No debería acariciar la pelota?

-¿Quién te ha dicho eso?

-Craig -contestó Chantal- El profesor del club de campo.

-Ah, claro.

Para eso se había puesto la faldita, para impresionar a Craig, pensó Nicky. Entonces vio que sujetaba el palo como si quisiera matar a alguien.

-¿Tu Craig no te ha dicho que no hay que sujetar el palo como si fuera un hacha?

-No es "mi" Craig. Y normalmente lo sujeto bien.

-Relaja los hombros -dijo él entonces- Empezaremos sin la pelota. Cambia el peso de pie.

-¿Así?

Nicky dejó escapar un suspiro. Podía hacerlo, se dijo. Podía colocarle los hombros sin sentir el calor de supiel. Podía colocarle las caderas sin apretarlas contra las suyas.

-Mejor. ¿Notas la diferencia?

-Solo noto tu aliento en mi nuca.

Él cerró los ojos un momento. Y decidió no decirle que había pensado poner sus labios en aquella nunca.

-¿Qué tal? -preguntó Chantal, golpeando al aire.

-Mejor.



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MensajeTema: Re: El hombre más irresistible   Sáb 24 Ene 2015, 7:49 pm

Capitulo 7

Siguieron practicando, mejorando el golpe, cambiando la posición del cuerpo. Nicky intentaba no admirar su determinación, no admirar nada en ella.

-El truco es colocar el peso del cuerpo en el sitio exacto cuando golpeas la pelota.

Chantal se dio la vuelta para mirarlo.

-¿Y cuando voy a golpear la pelota?

-Cuando dejes de levantar la cabeza.

-Craig dijo que mi postura era correcta.

-Seguramente Craig estaba demasiado ocupado mirándote el trasero como para comprobar tu postura.

Furiosa, Chantal abrió la boca, pero Nicky no le dio tiempo a protestar.

-La cabeza hacia abajo cuando golpeas la pelota... así -dijo, intentando no notar el calor de supiel- No estás relajada.

-¿Cómo voy a relajarme sino dejas de tocarme?

Él dio un paso atrás.

-Yo tampoco estoy muy relajado... sobre todo si me apuntas con un arma.

Chantal dejó caer el palo que sujetaba como si fuera una lanza.

-Lo siento. Es que estoy cansada.

-Entiendo. ¿Por qué no lo intentas por última vez?

-Muy bien, pero no me toques. Me pones nerviosa.

-Me apartaré, lo prometo. Y no diré nada. Venga, inténtalo.

Chantal golpeó lapelota y, cuando la vio volar en línea recta, lanzó un grito d ealegría.

-Muy bien. Un golpe casi perfecto.

-No te hagas el listo -dijo ella, girando el palo como si fuera un revolver- Sin ti también doy buenos golpes d evez en cuando.

-Antes lo hacías fatal.

-Mentira.

Chantal se acercó con una sonrisa en los labios y Nicky ssintió la tentación de borrársela con un beso. Pero también ella pareció notarlo y dejó de sonreír.

-Muchas gracias.

-Ha sido un placer.

Y la estaba irando como si fuera un placer estar a su lado., como si quisiera besarla.
Estaban muy cerca, demasiado cerca. Y el silencio se alargaba de forma incomprensible...
De repente, Nicky se inclinó para recoger las pelotas.
Maldición.
No, aquello merecía una palabra más dura.
Había estado a unos centímetros de sus labios... y perderse un beso de aquel hombre era como para llorar.
¿Se habrpia equivocado? Estaba segura de que no. Casi estuvo a punto de dar el primer paso, pero le entró miedo. A algunos hombres no les gustaban las mujeres agresivas... aunque esa novia que tuvo, la tal Gina, no era pasiva en absoluto. Todo lo contrario.
Quiá dbería haber pestañeado... Evidentemente, su técnica dejaba mucho que desear. Quizá debería preguntar en el Ayuntamiento si daban clases de eso. "Seducción para principiantes". O "Técnicas de dormitorio".
Las preguntas, las respuestas, las conjeturas daban vueltas en su cabeza mientras recogía pelotas.
Cuando se encontraron al aldo de la valla, el sol estaba besando el horizonte. Nicky dejó caer un montón de pelotas en el cubo, con expresión ausente.

-Gracias otra vez -murmuró Chantal- Por ayudarme con lo de la parte inferior del cuerpo.

-Lo harás bien cuando aprendas a relajarte.

Ella asintió con la cabeza, pensativa. Nicky se daría la vuelta y le diría adiós con la mano. Y, sin saber por qué, aquella imagen la llenaba de pánico.
Quería una oportunidad para arreglar lo del beso. Quería hacerlo reír otra vez.

-Ese último golpe me ha salido muy bien. Gracias a tí -murmuró, pasándose la lengua por los labios- ¿Quieres quedarte a cenar?

-¿Sabes cocinar?

-Tomé clases de cocina.

-¿Y qué? También dices que has tomado clases de golf.

-Aún no he envenenado a nadie. Al menos, últimamente.

Nicky sonrió, mostrando aquella preciosa sonrisa. Y el impacto de esa sonrisa convirtió el ritmo de su corazón en una rumba.

-Dime, Chantal... clases de golf, clases de cocina. ¿Haces algo por instinto?

-Diría que no, pero acabo de invitarte a cenar y yo creo que eso ha sido por instinto -contestó ella. Había intentado que su voz sonara normal, pero le salió más bien ronca- ¿Te quedarás si prometo relajarme y tomármelo con calma?

Nicky no contestó inmediatamente y Chantal se preguntó si debía reírse para aliviar la tensión...

-No creo que sea una buena idea -dijo él por fin.

-Ah. ¿Por alguna razón en particular?

-Yo lo veo así: te he dado una clase de golf porque te debía un favor. Ahora tú me invitas a cenar porque crees que me debes otro... y lo próximo será que yo te invite a cenar a tí -suspiró Nicky.

Ella imaginó entonces violines y velas, rodillas rozándose por debajo de la mesa, manos encontrándose sobre el mantel...

-Sí, claro.

-¿Dónde crees que terminará esta cadena de favores?

Con el corazón acelerado, Chantal pensó en las sábanas de raso azul noche.

-Pues...

-Es mejor dejarlo aquí. ¿No te parece?

Claro que le parecía. Qué remedio. Si Nicholas Byrne quería tener una relación sentimental habría una cola de mujeres esperando. Si quería tener una muejr deslizándose entre esas sábanas d eraso, encontraría una que supiera deslizarse instintivamente, no una que necesitara aprenderlo todo sobre las relaciones hombre-mujer.

-Antes de irme, quería hablarte de otra cosa. ¿Dices que Julia diseñó tu jardín?

-Así es. ¿Quieres echar un vistazo? Por cierto, tengo su tarjeta en el bolsillo.

Nicky se la guardó sin mirarla.

-¿Qué tal si me lo enseñas mañana? Ahora está un poco oscuro.

-Me temo que mañana llegaré tarde a casa.

-¿Trabajas hasta muy tarde?

-No, es que tengo clases de golf.

-Le pediré a Julia que me enseñe algún otro trabajo suyo.

-Cambiaría la hora de mi clase, pero Craig ha hecho un esfuerzo para colarme y...

-No lo dudo -la interrumpió Nicky- Ya nos veremos, Chantal.

¿Qué había querido decir con ese "no lo dudo" tan irónico ¿Qué había querido insinuar?

-Craig no tiene ningún interés personal en mí. Sólo me está enseñando a jugar al golf.

-Si tú lo dices...

-Y no me mira el trasero.

-Entonces es idiota -replicó Nicky, con una sonrisa en los labios.



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MensajeTema: Re: El hombre más irresistible   Mar 17 Feb 2015, 12:01 pm

Capitulo 8

Hacer lo menos posible no era tan divertido como Nicky había creído. Llegó a esa conclusión seis días más tarde.
Estaba deseando tomar una pala o unas tijeras de podar... o una apisonadora. Pero Julia Goodwin le había aconsejado que no tocase el jardín.

-Hasta que yo lo diga, no hagas nada.

De modo que aceptó verla el ´sabado por la tarde, que era cuando tenía un rato libre para echar un vistazo a su jungla.

-Problemas de transporte. Además, han anunciado lluvias durante toda la semana.

Un hombre menos honesto habría culpado a la espera de su nerviosismo. O a la lluvia. O a la soledad de una casa que recordaba llena de rosas y envuelta en el perfume de la cocina casera.
Todo lo anterior era en cierto modo culpable, pero la verdad era que estaba irritado por no haber aceptado la invitación de Chantal. El no sabía cocinar, en aquel pueblo perdido no podía pedir comida por teléfono y había rechazado una invitación a cenar.
Eso lo convertía en un imbécil tan grande como el profesor de golf.
Le había gustado mucho estar con ella. Chantal lo divertía, lo estimaba y lo irritaba a la vez. Sin embargo, cuando la miraba a los ojos... sentía el deseo de salir corriendo. Como si ella fuera un peligro.
Hbaía algo peligrosamente atractivo en aquella combinación de curvas suaves y afilada lengua, algo muy erótico en la textura de su piel. Pero Chantal Goodwin no era una belleza en el estricto sentido de la palabra. Resistir la tentación debería ser tan fácil como recordar lo poco que le gustaban las mujeres obsesionadas por su carrera, tan fácil como recordar el engaño de Kristin.
Al final la había llamado, pero no estaba en casa. Una abogada como ella tendría sitios a los que ir, cosas que hacer, horas que facturar.
Sería mejor concentrarse en el jardín, decidió, y en la finca que estaba igualmente abandonada. No se imaginaba a sí mismo como granjero, pero podría contratar a alguien como iba a contratar a Julia Goodwin.
El sonido de un motor interrumpió sus pensameintos y, al vovler la cabeza, vio una camioneta acercándose a la casa.
¿Julia Goodwin conducía una camioneta?
Unos segundos después entraba en el jardín una réplica de Chantal, pero más alta y con más curvas. Su sonrisa de dos mil voltios parecía capaz de iluminar hasta el último rincón del desván. Y, a pesar de ello, su pulso no se aceleró. Si aquella Goodwin lo invitaba a cenar, aceptaría sin dudarlo un segundo.

-Nicholas Byrne, supongo. Yo soy Julia Goodwin, aunque supongo que ya se lo habrá imaginado.

-Llámame Nicky.

-Nicky, ¿eh? -sonrió Julia, estrechando su mano

Ningún temblor, ningún escalofrío. Raro, dado la extraña reacción que le había provocado su hermana... pero acertado, dado el hombre que apareció tras ella.

-Kian Egan -se presentó él mismo.

-Será mi marido dentro de dos semanas -sonrió Julia.

-Un hombre afortunado.

-Eso creo yo.

-No lo crees, estás seguro -lo corrigió ella, sin dejar de mirar alrededor. Al darse la vuelta se le abrió el abrigo y Nicky la miró, perplejo. Estaba embarazada, muy embarazada.

Pero no era la primera mujer embarazada que había visto en su vida. Todo lo contrario. Estaba Kristin. Y el embarazo del que él no sabía nada y que ella había decidido terminar sin consultarle.

-¿Cuando darás a luz? -preguntó, con un nudo en la garganta.

-En noviembre.

-¿Eso es un problema? -preguntó Kian.

-No, claro que no. Solo una sorpresa.

-También fue una sorpresa para mí. Pero una sorpresa muy agradable -sonrió Julia- El pequeñín no me impide hacer casi nada. Ojalá pudiera decir lo mismo de us papá -añadió, apretando la mano de su prometido.

Cuatro años de realción y Nicky no recordaba ni una sola vez en la que Kristin lo hubiese mirado con el cariño que se miraban aquellos dos. Durante el último año, su novia apenas encontraba tiempo para hablar de algo que no fuera el bufete.

-Le he prometido a Kian que no haré ningún esfuerzo físico -Continuó Julia- Pero si no te importa repetírselo... Ya sabes, lo de cavar y plantar.

-Solo quiero que me haga un diseño -le aseguró Nicky- Quiero ser yo quien cave y plante.

-Me parece bien -dijo Kian.

-Pero supongo que estarás muy ocupada con lo de la boda.

-No, porque Chantal va a ayudarme.

-¿Todo está ya organizado?

-Con la precisión de unas maniobras militares. Y me apetece hacer algo, además de preocuparme por el tiempo.

Nicky señaló los matojos.

-¿Crees que esto será suficiente distracción?

-Más que suficiente. Y, por cierto, ¿no te habrá quedado un trozo d epastel de chocolate?

Nicky miró a Kian, esperando ayuda, pero él se encogió de hombros.

-No te entiendo.

-Trajeun pastel de chocolate cuando llené la nevera.

-Ah, es verdad. Lo siento, ha desaparecido -sonrió Nicky.

-Bueno, da igual. Es mejor que no coma nda. Mi hermana nos ha invitado a cenar.

-¿Cocina bien? -preguntó Nicky.

-Chantal hace bien todo lo que se proponga.

-Excepto jugar al golf.

Julia lo miró sorprendida.

-¿Chantal juega al golf?

-Está tomando clases.

-¿Quién es su profesor, Craig McLeod, del club de campo?

-¿El guapo de Craig es profesional del golf? -preguntó Kian.

Mientras Julia y él discutían sobre su antiguo compañero de instituto, Nicky pensó en lo de "guapo".

-¿La gente lo llama así?

-A la cara, no -rió Kian.

-Pero es muy guapo, a verdad -sonrió Julia- ¿Y cómo sabes tú que Chantal toma clases de golf?

La pregunta interrumpió una imagen en la que Chatal Goodwin golpeaba al "guapo" en la cara con un palo de golf. La imagen animó a Nicky más de lo que debería.

-Me lo comentó de pasada.

-De pasada, ¿eh? ¿Y pasan uno al lado del otro a menudo?

-Somos vecinos.

Podría ser su imaginación, pero la sonrisa de Julia se volvió especulativa.

-Ah, ya veo. Antes de empezar con el asunto del jardín, ¿qué planes tienes para cenar, Nicky?



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MensajeTema: Re: El hombre más irresistible   Dom 01 Mar 2015, 5:16 pm

Capitulo 9

—Hola, Chantal, ¿cómo estás? —la voz de Julia en el contestador sonaba tan alegre como de costumbre— Supongo que ahora mismo, trabajando como una esclava en la cocina. Espero que no te importe si llevamos a tu vecino a la cena... aunque me ha costado un poco convencerlo. Debes haberlo impresionado... o sea, al contrario. Bueno, nos vemos luego.

Chantal se dejó caer sobre una silla. Nicky iba a su casa. Como ella había imaginado en sus fantasías nocturnas. Aunque, al contrario que sus fantasías, no aparecería con una botella de vino en una mano y un ramo de flores en la otra.
No, sencillamente Julia lo arrastraría hasata allí porque su hermana podía convencer a cualquiera de cualquier cosa. Con un gemido de frustración, Chatal escondió la cara entre las manos.
Iba a matar a Julia, pero antes tenía que recuperar la compostura. Entonces miró por entre los dedos... Antes de matar a su hermana y recuperar la compostura tenía que limpiar la casa.
Nerviosa, colocó las revistas, los cojines del sofá y los papeles que había tirado frente a la chimenea... ¡la chimemea apagada, fría! ¡Socorro!

Con una mano sobre el pecho, se miró al espejo y se vio despeinada, sin una gota de maquillaje, con un aburrido jersey marrón... Tenía cuarenta minutos y necesitaba un plan. Y tenía que poner música para calmarse un poco.
Seis largas zancadas la llevaron hasta el equipo de sonido. Buscó con los ojos su CD favorito para relajarse... pero no estaba.
Debía estar todavía en el equipo de sonido de Nicky.


Los cuarenta minutos pasaron volando, pero Chantal era más rápida. Cuando oyó el ruido del coche por el camino se puso unos vaqueros nuevos y una camiseta de color marrón.
Su jersey de angora favorito estaba sobre la cama. No era muy práctico aquella noche porque podría mancharse de salsa. A toda velocidad, se sujetó los rizos con una horquilla, se puso polvo en la cara e intentó no salir corriendo hacia la puerta a velocidad de vértigo.
Impresionante, desde luego.

—¡Ya estamos aquí! —oyó la voz de su hermana en el pasillo.

Desgraciadamente, Chantal no consiguió que saliera una sonrisa ni controlar los latidos de su corazón. Y cuando vio a Nicky inclinado sobre una estantería, dejó de intentarlo.
A la luz de la lámpara estaba... guapísimo, el polo verde destacaba el color de su pelo y, agachado, aquellos vaqueros hacían maravillas con su trasero.
Con el pulso dando saltos como las llamas de la chimenea, lo observó examinando Matar a un ruiseñor.

—¿Cuántos años tenías cuando leíste este libro? —preguntó, de espaldas.

¿Cómo sabía que estaba allí? ¿Podía oír los latidos de su corazón?

—No me acuerdo. Catorce, creo —contestó Chantal por fin.

—¿Y entonces decidiste que querías ser abogado?

—Nunca he querido ser otra cosa.

Nicky se volvió, tocando la cubierta del libro de una forma que la hizo tragar saliva.

—Supongo que tus sueños infantlies y el trabajo que haces ahora serán dos cosas muy diferentes.

—Todos soñamos con defender a los pobres, a los injustamente acusados.

—Yo no. Nunca tuve el don de la retórica.

—No estoy tan segura —murmuró Chantal, levantando una ceja—. Creo más bien que, con tu afilada lengua, habrías merecido más de una condena por desacato.

—¿Crees que digo muchas palabrotas?

—Digamos que hablas muy claro.

—¿Te refieres a la diferencia de opinión que tuvimos en... Barker Cowan?

¿Diferencia de opinión? Qué interpretación tan interesante.

—Si mal no recuerdo, me pusiste verde.

—Te lo merecías.

Chantal se puso tensa.

—Tenía una justificación...

—¿Lo ves? Una diferencia de opinión, como acabo de decir.

Estaba intentado contener una sonrisa.
Maldición. ¿Cómo podía indignarse si esa sonrisa amenazaba con convertirla en una piltrafa?

—Agua pasada —se encogió Chantal de hombros. Pero seguía pensando que era ella quien tenía la razón, aunque no recordaba por qué— ¿Dónde está Julia?

—En la cocina, creo.

—¿Y Kian?

—Con ella.

—¿Y qué hacen en la cocina tanto tiempo? Ah, claro.

—Eso —sonrió Nicky.

Seguramente estarían besándose. Habría querido decir algo gracioso, pero al mirar los labios de Nicky solo pudo pensar: "qué suerte tiene Julia"

—He traído algo...

—¿Mi CD? —preguntó Chantal, distraída por el asunto de los besos- —¿Mis sábanas?

—No sabía que hubieras dejado un CD en mi casa. Y en cuanto a las sábanas... lamento decir que siguen en mi cama —dijo él, mirándola a los ojos.

Por eso precisamente le había pedido a Julia que comprase un juego de sábanas. Para evitar que aquel cuerpo, aquel cuerpo desnudo, tocase las suyas.

Chantal tragó saliva.

—Pensé que te gustaban más las de raso.

—Sí, pero las tuyas son más suaves de lo que imaginaba.

—Es que son de hilo.

—Si tú lo dices —se encogió Nicky de hombros— ¿No quieres saber qué te he traído?

Chantal vio entonces dos botellas sobre la mesa.

—¿Vino?

—¿Te gusta el Merlot?

Antes de que pudiera contestar, Julia apareció en el salón. Estaba colorada y tenía los labios un poco hinchados.

—Ah aquí estás. ¿Quieres que te ayude con la cena? Porque estoy muerta de hambre.

Chantal respiró profundamente. Tenía invitados, una cena que preparar, una cabeza que aclarar...

—No es de buena educación comerse la cena antes de que esté servida.

Sonriendo, Julia se metio algo en la boca. Parecía sospechosamente un bollito de pan.

—Demasiado tarde.



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MensajeTema: Re: El hombre más irresistible   Miér 15 Abr 2015, 4:56 pm

Capitulo 10


La única forma de concentrarse en la cena era echar a su hermana y sus "no me habías dicho que Nicky estuviera tan bueno" de la cocina con instrucciones para poner la mesa.
Pero cuando estaba sacando más bollitos de pan del congelador, se vio interrumpida de nuevo.
Por Nicky.
Su primer pensamiento fue: "ah, así supo que yo había entrado en el salón. Sintió mis ojos clavados en su espalda".
Su segundo pensamiento fue: "si me quedo aquí generando calor corporal, acabaré descongelando la nevera".

—Julia me ha pedido que lleve un sacacorchos.

—En el cajón de arriba, al lado del horno.

Lo oyó abrir el cajón mientras metía los bollitos en el microondas y después sintió su mirada clavada en la espalda. Otra vez.

—Es que me faltaba pan —murmuró tontamente.

Cuando se volvió, Nicky estaba apoyado en la repisa, golpeándose distraídamente el muslo con el sacacorchos.

—Siento no haberte avisado. Julia dijo que no te importaría.

—Y es la verdad, no me importa. Y no me falta pan porque hayas venido tú, sino porque mi hermana se lo ha comido.

Mientras hablaba, movía algo con un cucharón de madera. Olía y sabía mejor. "Gracias a Dios".

—Además, conociendo a Julia supongo que no habrás tenido más remedio que venir.

—Podría haber dicho que no. Las Goodwin son muy mandonas, pero a mí no me asustan.

Curioso, la palabra 'mandona' le había parecido un piropo. Era esa voz, esa boca.

—¿Entonces,, ¿por qué has venido?

—Por curiosidad.

Qué respuesta tan rara. Chantal se volvió, apoyando una cadera en la repisa.

—¿Curiosidad sobre qué?

—Tu hermana dice que cocinas muy bien.

Y él no lo creía, claro. Indignada, Chantal levantó el cucharón.

—¿Qué es esto?

—¿Y yo qué sé?

—Salsa de calabaza con manzanas verdes y albahaca.

—Ah, gourmet —murmuró él, oliendo la cuchara con gesto de aprobación.

Antes de que terminase la noche cambiaría de opinión sobre sus habilidades culinarias, pensó Chantal, decidida.

—¿Quieres probarlo?

—¿No va a pasarme nada?

Quizá era su imaginación, pero le pareció que miraba sus labios antes de mirar la cuchara. Y sintió el impacto de esa mirada hasta el fondo de su ser.
Besarlo no estaría bien, no estaría nada bien. Pero no le importaría en absoluto.
Nicky inclinó la cabeza y abrió los labios para probar la salsa. Chantal abrió los suyos sin pensar y, al hacerlo, vio un brillo en los ojos del hombre. ¿Deseo, resolución?
Entonces, Nicky se acercó. Mucho, demasiado. Cuando sintió el roce de su lenagua en los labios, cerró los ojos. Tenía que concentrarse. Tenía que saborear aquel momento.
Tan entusiasmada estaba que se le doblaron las rodillas y perdió la sensación en los brazos... de modo que se le cayó el cucharón. Y antes de caer al suelo, por supuesto, le manchó la camiseta.
Julia eligió aquel momento para entrar en la cocina. Pero al ver la escena levantó una ceja y se dio la vuelta sin decir nada.
De modo que Chantal se quedó sola con Nicky y la camiseta manchada. Él estaba pasándose una mano por el pelo, como si no creyera lo que acababa de pasar. Tampoco ella lo creía...
Entonces, sin decir nada, tomó un paño y empezó a limpiarle la camiseta. Pero con cada roce de su mano en el estómago, en el abdomen... parecía quemarse entera. Con la cara roja y el pulso acelerado, Chantal contuvo el aliento.

—Creo que debería cambiarme de camiseta —dijo Nicky.

Evidentemente no quería hablar del beso. Y, por supuesto, no quería seguir besándola.
Y ella no pensaba suplicarle, por supuesto.

—Será mejor que siga con la salsa o no cenaremos hasta media noche —murmuró, tomando otro cucharón.

—¿Te encuentras bien?

—Claro. ¿Por qué?

—No sé. Está un poco... acalorada.

¿Solo acalorada? Habría podido jurar que estaba al borde de la combustión espontánea, mientras él parecía absolutamente tranquilo.

—El calor del horno. O a lo mejor he pescado un resfriado. Llevo todo el día un poco... acalorada.

—¿Ah, si?

Nicky dio un paso atrás. ¿Qué temía, que le contagiara el resfriado?

—Pues si. El otro día nos mojamos mientras estábamos jugando al golf.

—¿Jugando al golf bajo la lluvia? ¿No es eso un poco exagerado?

—Es que nos tomó por sorpresa.

—¿Las nubes no les dieron ninguna pista?

—No miré las nubes —replicó ella— Estaba muy concentrada en darle a la pelota.

—Con Craig, supongo.

—Sí.

Nicky emitió una especie de bufido.

—Solo es un juego, Chantal.

—Es algo más —replicó ella, echando la pasta en el agua hirviendo.

—A ver si lo entiendo... jugar al golf es bueno para tu carrera. Quieres impresionar a Godfrey y quizá a algún cliente importante.

Sí, había empezado a tomar clases precisamente por esa razón, pero también s ehabía convertido en un reto personal. Quería aprender, quería tener éxito. Pero no pensaba disculparse, ni defenderse a sí misma.

—Qué perceptivo —dijo sarcástica.

—No particularmente —replicó Nicky, cortante— Kristin sería capaz de jugar al golf bajo un huracán si con eso consigue que su jefe le dé una palmadita en la espalda.

Después, la dejó en la cocina, perpleja por el comentario y por el tono.
Chantal acababa de descubrir que la ruptura de su compromiso lo había llenado de amargura.



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MensajeTema: Re: El hombre más irresistible   Lun 08 Jun 2015, 5:15 pm

Capitulo 11

—¡De eso nada! —exclamó Julia, moviéndose a gran velocidad para impedirle el paso. Demasiada velocidad para una mujer embarazada— Sí, son hombres, pero creo que podemos confiar en que sepan meter las cosas en el lavavajillas.

—Son mis invitados.

—Técnicamente, sí. Pero Nicky se ha ofrecido voluntario.

—Solo estaba siendo amable. Nadie se ofrece a fregar los platos porque le apetezca.

—Cierto, pero en este caso les estás haciendo un favor.

Chantal soltó una risita incrédula.

—Venga, ya.

—No, de verdad. Estaban deseando quedarse solos un rato para hablar de coche. ¿Quieres relajarte, por favor?

Después de que Nicky hubiera incrementado la teperatura de su cuerpo, relajarse no era tan fácil. No, no podría relajarse en aquel momento como no había podido relajarse durante la cena.
No podía dejar de recordar el brillo de sus ojos cuando habló de Kristin. Y, sobre todo, no podia dejar de recordar el deseo que sintió de consolarlo, de curar la herida. Aunque estaba segura de que Nicky Byrne no tenía ninguna intención de dejar que ella lo consolarla.
Por fin, se dejó llevar por su hermana hasta el salón, frente a la chimenea. Pero no quiso sentarse.

—¿Quieres dejar de pasear? Me estás poniendo nerviosa.

Chantal se plantó en actitud desafiante delante de la chimenea. Desgraciadamente, Julia la miró entonces con esa mirada de: "ajá, por fin estamos solas"

—¿Por qué crees que quieren hablar de coches?  

—Por lo visto, Nicky tiene un viejo deportivo en el garage.  

—El MG, sí.

—¿El qué?  

—Un viejo deportivo, un MG.

—¿Y tú cómo lo sabes?

—Pues...

¿Por qué no se lo contaba? Eso distraería a Julia de la historia que realmente quería escuchar.

—¿Te acuerdas del verano que trabajé en Baker Cowan, el bufete donde estaba Nicky?

—Recuerdo lo importante que era para ti trabajar en el sitio adecuado. Recuerdo muy bien esas discusiones en la mesa —sonrió su hermana.

—Porque era importante.

Había querido practicar y aprender de los mejores en el campo de la abogacía, aunque en aquel caso había otro factor que influyó en su decisión. Un factor de veintitantos años que estaba como un tren.

—Fue durante un puente, en el mes de mayo. Yo había vuelto de la universidad para pasar unos días en casa y oí que Nicky estaba de visita, así que fui a verlo para ver si necesitaba a alguien en el bufete.

Una excusa estupenda para ver al intrigante Nicholas Byrne, se había dicho a sí misma.

—¿Y qué pasó?

—El caso es que su padre me dijo que estaba en e garage, arreglando el coche.

—El MG.

Sí y no, Chantal se pasó la lengua por los labios.

—Cuando entré en el garage, no era el coche en lo que estaba trabajando.

—¿Y qué estaba haciendo? —preguntó Julia.

—Estaba "trabajándose" a una chica del bufete.

Había pasado siete años y seguía poniéndose nerviosa al recordarlo.

—No te vieron, ¿verdad?

—No, por Dios. Salí corriendo.

Aunque no inmediatamente. De hecho, se quedó paralizada durante unos segundos, mirando la escenita.

—¿Y cómo sabes que era un MG?

—Porque soy muy observadora. Además, me quedé mirando el coche para... no mirarlos a ellos.

—¿Y no me lo habías contado hasta ahora? —replicó Julia— Y encima acabaste trabajando en Baker.

—Mamá lo organizó todo a través de Godfrey Pensaba que estaba haciéndome un favor.

Y así empezó e peor verano de su vida, intentando olvidar la escenita del coche y sus propias fantasías. Había soñado ser la mujer que estaba tumbada sobre el capó del deportivo rojo. En sus sueños, snetía el frío metal bajo la espalda y el calor del hombre; experimentaba la magia de un beso de amante y oía sus propios gemidos de placer. Cada vez que soñaba con eso, se espertaba sudando, desorientada... y sola.

—¿Y tenías que ver a Nicky y a la otra todos los días? —preguntó su hermana.

—Sí, pero me concentraba en el trabajo.

O, al menos, lo intentaba.

—¿Y podías mirarlo a la cara?

—Entonces tenía diecinueve años —suspiró Chantal.

—Incluso antes de convertirte en Doña Competente, incluso cuando eras una niña, tú nunca has sido de las que se asustan. De hecho, todo lo contrario... Ah, ahora lo entiendo. Te pusiste insoportable, ¿no?

—Horrorosamente insoportable.

—¿Discutías con él?

—Naturalmente.

—Ahm ya veo —rio Julia entonces.

Chantal rio también. Pero ya que se lo había quitado de encima, debía contarle el resto.

—Hya más. Hubo un... pequeño accidente. Yo estaba intentando impresionar a Nicky y me salió mal.

—¿No se quedó impresionado?  

—Todo lo contrario. Pero no tenía derecho a tratarme como lo hizo.

—Sí, pero la historia del garage explica muchas cosas —sonrió Julia.

—¿Sobre qué?

—Sobre como te portas cuando estás con él.

Chantal la miró aparentando sorpresa.

—¿Y cómo me porto?

—No eres tú misma. Durante la cena no has parado quieta un momento...

—Es que he tenido un día muy duro. Y para arreglarlo, tú apareces con un invitado inesperado.

—Nunca te había visto beber más de una copa de vino —dijo su hermana.

—Suelo tomar un vasito de vino durante la cena —se defendió Chantal— Tú lo sabes.

—Un vasito sí, pero esta noche parecías a punto de beber directamente de la botella.

—Muy graciosa.

Solo había tomado dos copas... tres como máximo, para calmar los nervios. La colonia de Nicky, el roce de su pierna bajo la mesa, el recuerdo de sus labios... y todos aquellos complejos la habían alterado un poco.

—¿Es tan obvio? —preguntó entonces.

—¿Que te gusta? Te has puesto colorada, así que la respuesta es sí.

Chantal levantó los ojos al cielo.

—No quiero seguir hablando del asunto.

—Pero te has puesto colorada.

—Es por la chimenea...

—Sí, si. Siempre me había preguntado qué clase de hombre haría que te pusieras colorada, hermanita.

—Pero si apenas lo onozco...

—¿Y eso qué importa?

—Pues... no sé. Nicky es...

—¿Muy guapo? ¿Muy sexy?

—¿Kian sabe que piensas eso? —preguntó Chantal entonces, irritada.

—No vas a distraerme. ¿Nicky es...?

—Nicky no está interesado en mí.

Sí, era guapo. Sí, era sexy. Y sí, la había besado para apartarse después.

—¿Y tú cómo lo sabes? No eres precisamente una experta en hombres.

Eso era cierto. Antes de Nicky no había pensado en ningún otro. Y después, se pasó un semestre en la universidad intentando llenar el hueco. Para fracasar miserablemente.

—¿Cómo lo sabes? —insistió su hermana.

—Lo invité a cenar... y me dijo que no estaba intersado.

—A lo mejor no tenía hambre.

—Y a lo mejor no estaba interesado. Además, prácticamente has tenido que traerlo atado esta noche, ¿no?

Julia la miró, pensativa.

—¿Sabes una cosa? Creo que protesta demasiado.

—Sí, ya.

—Los he observado durante toda la noche y... no sé que he interrumpido antes en la cocina, pero sé que he interrumpido algo.

—¿No crees que es solo por mi parte? No, déjalo, no lo digas. Yo qué sé. No sé qué hacer y...

Julia apretó su mano.

—¿Por qué aceptas cualquier reto profesional, pero te echas atrás cuando se trata de un hombre?

Chantal la miró sorprendida.

—Porque no sé cómo hacerlo. No conozco el procdimieto.

—Nicky sería una clase maestra.

Manos expertas, paciencia... la premonición de cómo sería esa case maestra hizo que Chantal sintiera un escalofrío.

—Da miedo, ¿eh? —bromeó su hermana.

—No tengo mie...

—Ya, ya. Tú no tienes miedo de nada. Además, siempre vas detrás de lo que te interesa.

—Esto es diferente. Nicky es... difícil.

—¿Y crees que un reto debería ser fácil?

—Fácil no, pero que al menos haya una oportunidad d eganar.

—¿Siempre tienes que ganar?

—Sí, así es —contestó Chantal— Me pasé años intentando llegar a tí y a Mitch a la altura de los zapatos, intentando buscar la atención de nuestros padres...

—Nuna había suficiente para todos, ¿verdad?

—No, pero una vez que descubrí cómo ganarme su afecto... supongo que se convirtió en una costumbre.

—Pues no dejes que se convierta en una mala costumbre, cariño —le aconsejó su hermana— Trabajas demasiado. Y piensas demasiado en el trabajo.

—Me encanta mi trabajo. Es lo único que hago bien y el único en el que me siento competente.

—Tú lo haces todo bien. ¿Qué pasa con la cocina, con los arreglos florales..?

—Porque estudié y practiqué. Pero en mi trabajo no me cuesta tanto. Es divertido —la interrumpió Chantal—. Bueno,voy a hacer café. ¿Quieres algo?

Por un segundo, Julia pareció decidida a seguir hablando del asunto. Pero al final lo dejó pasar.

—¿Tienes pasteles? ¿O cocolates? Siempre tienes chocolates en la despensa.

—Siempre tengo cosas que engordan en la despensa.

—Tu adicción a la comida basura es una de las pocas cosas que te redimen —rio su hermana— No lo estropees.

—¿Eso es lo único que me redime?

—No, tienes otras cuaidades interesantes. Por ejemplo, tu absoluta falta d evanidad. No sabes lo guapa que eres. O lo guapa que podrías ser... si quisieras.

Chantal levantó los ojos al cielo.

—Por favor...

—Y lo más importante: que harías cualquier cosa por tu familia. Yo lo sé y Mitch también.

—Gracias.

Solo pudo decir eso porque tenía un nudo en la garganta.

—De nada. ¿Quépasa con el chocolate?

Sacudiendo la cabeza, Chantal se dirigió hacia la cocina. Pero antes de entrar, se volvió hacia su hermana.

—Lo que hemos hablado, ¿podría quedar entre nosotras?

—Por supuesto, boba —sonrió Julia. De pequeñas habían compartido muchos secretos— Hace tiempo que no lo hacíamos, ¿verdad? Hacía siglos que hablábamos de nuestras cosas. Tenemos que hacerlo más a menudo.

Chata estaba demasidado emocionada como para hablar, así que se limitó a asentir con la cabeza.

—Ah, y otra cosa... yo creo que ha llegado el momento de aceptar un reto que te asuste de verdad. Algo que sea realmente divertido... No digas nada, solo prométeme que lo pensarás.



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MensajeTema: Re: El hombre más irresistible   Lun 17 Ago 2015, 5:04 pm

Capitulo 12

—¿Más café? —preguntó Chantal.

Antes de que Nicky pudiera contestar, ella se había levantado de nuevo, como la perfecta anfitriona.

Estaban sentados frente a la chimenea y deberían estar relajados. Y lo estarían si los muebles no pareciesen colocados como tiralíneas, si hubiera cojines tirados por el suelo, si Chantal dejara de lavantarse una y otra vez.

—Olvídate del café. Aparca de una vez ese bonito trasero y tómate el resto de la noche libre —dijo Nicky en voz baja para que Julia y Kian, que hablaban sobre sus planes de boda, no lo oyeran.

Chantal se puso colorada y eso lo hizo sentir incómodo. Pero no pasaba nada; era la típica reacción de un hombre ante una chica atractiva.
Sin embargo, cada vez que la veía como el prototipo de mujer de carrera, cada vez que la comparaba de Kristin, Chantal Goodwin hacía algo que no tenía nada que ver. Que se pusiera colorada, por ejemplo, no cuadraba en absoluto con esa imagen. Ni su respuesta tentativa ante el beso, como si no supiera qué hacer.
Había vuelto a casa para pensar, no para complicarse la vida. Y Chantal empezaba a convertirse en una complicación.
En cuanto a su familia... Nicky miró a Julia y Kian y, al hacerlo, sintió una compleja mezcla de envidia, rabia y pena por lo que ya no tenía.
Y una horrible sensación de pérdida.
Pero no debíapensar esas coas, no debía castigarse a sí mismo.

—¿Te he dicho que mamá llamó esta mañana para hablar del ensayo?

—¿Ya has decidido el día? —preguntó Chantal, que se había sentado en la alfombra.

—La verdad, yo no veo la necesidad de ensayar —suspiró Julia.

—Ah, qué graciosa —intervino Kian— Porque tú tienes experiencia.

—Es mejor que todo el mundo sepa dónde tiene que colocarse —asintió Chantal.

—Eso si todo el mundo pudiera ir al ensayo, pero no es así.

—Tendrás que llamar a Mitch y Gavin mañana.

—¿No es la primera vez que te casas? —preguntó Nicky.

—No, estuve casada antes —contestó Julia—. Pero laprimera vez estaba buscando algo equivocado.

A él le habíapasaod lo mismo. Solo pensaba en su carrera; pensaba en el derecho por el dinero y el prestigio. Y Kristin lo eligió a él por las mismas razones.

—Quizá podríamos habalr de otra cosa —dijo Chantal entonces, como si intuyera que aquel era un tema doloroso.

—El matrimonio no es un tema prohibido para mí.

—Para Chantal sí —sonrió Julia— Tiene opiniones muy particulares al respecto.

—¿Y por qué no? En mi trabajo veo demasiadas parejas rotas. Parejas que se juraron amor eterno y después se matan durante el procedimiento de divorcio.

Lo había dicho con tanta seguridad que Nicky no pudo evitar hacer de abogado del diablo.

—Esa es la cara más fea.

—Es la que yo veo.

—No tienes que mirar muy lejos para ver la otra —dijo él entonces, señalando a Julia y Kian.

—Sí, mi hermana es la mujer más feliz del mundo, pero eso no cambia nada —replicó Chantal— Y en cuanto a mi hermano Mitch, la ruptura de su matrimonio lo dejó destrozado.

Nicky vio que le brillaban los ojos. Quizá porque quería mucho a su hermano, a toda su familia.

—¿Y tú has jurado no pasar por eso?

—Digamos que el matrimonio me parece un error —replicó ella. Entonces recordó que Nicky acababa de romper su compromiso—. Perdona, no quería...

—No hace falta que te disculpes. A mí tampoco me interesa.

Se quedaron en silencio después de eso. El único sonido, el crepitar de la chimenea y los comentarios de su hermana sobre la incómoda vejiga de una embarazada.

—Deberíamos marcharnos —bostezó Kian, después de acompañar a Julia al baño— Voy a encender la calefacción dle coche. ¿Vienes, Nicky?

—Irá dentro de un momento —contestó Chantal por él.

Demasiado sorprendido como para replicar, Nicky se despidió de Kian y esperó mientras ella respiraba profundamente, como si tuviera algo desagradable que decir.

—Siento mucho haber dicho eso. Debería haber pensado antes de hablar.

—¿Por qué querías que me quedase, para pedirme disculpas?

—No —contestó Chantal, levantando la barbilla— ¿Por qué me has besado?

Nicky soltó una carcajada. De todas las preguntas que hubiera podido hacer, aquella era la última que esperaba.

—No tengo ni idea.

Intentaba bromear, pero había una gran tensión entre los dos. Y decidió entonces decir la verdad.

—Desde que conocí a Kristin, no había vuelto a mirar a otra mujer.

—¿Cuándo rompiste con ella?

—Hace seis meses. Seis meses sin irar a otra muejr. Pero en cuanto te vi en mi dormitorio...

—¿Te sentiste interesado?

—Sí. No udo decirte cuántas veces he recordado ese primer encuentro. Las sábanas de raso desizándose hasta el cuelo, tú inclinada sobre la cama... los muelles del colchón crujiendo.

—Así que... ¿dónde nos deja eso? —preguntó Chantal con voz ronca.

Antes de que Nicky pudiera hacer algo más que pensar: "dónde tú queras", la puerta del baño se cerró. Oyeron a Julia en el pasillo, pero la pregunta había quedado colgada en el aire.

—¿Quieres que haya algo entre nosotros?

—¿Y tú?

—Bueno, ¿nos vamos? —preguntó Julia, entrando en el salón.

Al verlos tan callados se quedó mirando de uno a otro, sorprendida.

A Nicky no le importó. Lo único que le importaba era cómo contestar a la maldita pregunta.

—No lo sé —dijo por fin— Ni siquiera sé si me gustas o no.



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MensajeTema: Re: El hombre más irresistible   Sáb 05 Sep 2015, 4:30 pm

Capitulo 13

Al día siguiente, durante el almuerzo, Chantal admitió la derrota. Sencillamente no podía concentrarse en los papeles que estaba estudiando.
Un hecho que la confundía, la molestaba y la frustraba al mismo tiempo.
Tenía que concentrarse en el caso Warner, un caso tan complicado como cualquier película de juicios... más una hijastra a la que la habían dejado fuera del testamento.
Se pasaba el día construyendo el caso para Emily Warner. Ese caso representaba todo lo que amaba en su trabajo.
Pero aquel día no era un día normal.
Para empezar, era el día después de que Nicky Byrne la hubiera besado. Y también el  día después de que le dijera que no sabía si le gustaba. Y los dos eventos daban vueltas en su cabeza.

Como si eso no fuera suficiente, estaba el asunto de Julia. Le había dejado dos mensajes diciendo: "llámame urgentemente".
Suspirando, Chantal cerró el archivo. Había una pequeña posibilidad de que la urgencia de su hermana se debiera a la boda. Aunque no sabía si eso la animaba. Los planes de boda le habían dado más dolores de cabeza que sus líos con Nicky Byrne.
Por lo visto, el padrino estaba perdido en un bote de pesca y no sabía si llegaría a tiempo.
Otro de los testigos tenía sarampión y tuvieron que pedirle a Mitch que hiciera su papel, pero nadie sabía cuándo aparecería por allí, ni siquiera sus padres.

Chantal enterró la cabeza entre las manos. Tenía que llamar a su hermana, aunque temía sus inevitables preguntas:
"¿Qué interrumpí cuando salía del baño?" "¿Qué quiso decir Nicky con eso de que no sabía si le gustabas o no?"
¡Esa era la pregunta del millón de Euros!
No debería haberse quedado con la boca abierta. Debería haberse enfurecido. Debería haberle dicho algo horrible como... como...
¡Lo mismo te digo, imbécil!
Pero Chantal no se engañaba a sí misma. A pesar de lo que había pasado o no había pasado siente años antes, le gustaba mucho. Pero mucho.
Quizá sus sentimientos se mezclaban conla fascinación que sintió por él de adolescente, pero había algo más complejo.
¿Quería que hubiese algo entre ellos?
Sí. Desde luego que si,. Absolutamente. De forma incuestionable.
Pero no lo admitiría nunca... a menos que él lo admitiera. Su orgullo estaba por encima.

Encantada con tal resolución, dejó escapar un suspiro de alivio que se convirtió enuna tosecilla. ¿No era una ironía? Después de culpar a un resfriado de mentira por su acaloramiento, aparentemente había pescado uno de verdad.
Cuando miró el reloj, Chantal se dio cuenta de que le quedaba menos de una hora para la clase de golf y, con un suspiro, levantó el auricular.


Chantal replicaba al interrogatorio de su hermana haciéndose la tonta, pero la suspicaz Julia detectó el resfriado en su voz.

—¿Te encuentras bien? Tienes la voz ronca.

Temiendo que apareciese de repente en su casa con un plato de sopa caliente y una caja de pañuelos, Chantal lo negó, disimulando la tos.

—Estoy bien, de verdad. Y tengo que irme. Hablaremos más tarde.

—Espero que no sigas trabajando...

—No, me voy a la clase de golf.

Julia dejó escapar un suspiro.

—Rélajate, ¿de acuerdo? Se supone que una clase de golf debería ser algo divertido.

Chantal intentó relajarse mientras practicaba nueve hoyos con Craig. Pero fue imposible.
De hecho, el asunto del golf estaba empezando a ser imposible y eso la ponía de muy mal humor.

Destrozada y sintiendo lástima de sí misma, se dio un baño de sales cuando llegó a casa. Y luego decidió que se merecía otro lujo, una noche libre.

Las preparaciones fueron sencillas: se puso una pijama de franela, descolgó el teléfono, puso música relajante en el estéreo y sacó de la estantería una novela romántica.
Justo antes de tumbarse frente a la chimenea, pensó en comer algo.
¿Helado, palomitas, chocolate? Pero no le apetecía nada. Y no era por el resfriado. Ultimamente no le aperecía la comida basura. Como regulador del apetito, Nicky era muy efectivo, desde luego.
Si se quedaba allí mucho tiempo quizá adelgazaría los kilos que había engordado durante el invierno.


Cuando sonó el timbre estaba perdida en los pantanos de Hampshire, perseguida por un extraño con ojos fríos de cazador. Al primer timbrazo sacudió la cabeza, al segundo murmuró una maldición.

Durante los seis timbrazos siguientes consideró no hacer ni caso. Pero su coche estaba en la puerta, de modo que no había forma de engañar al visitante.
Y siendo un domingo por la tarde después de las ocho, sólo podía ser alguien de su familia. Es decir, su hermana. Y a Julia no podía dejarla en la puerta. Una novia con la nariz roja y pronunciando los votos con voz ronca...

Chantal saltó del sofá y, al hacerlo, tuvo que sujetarse a la repisa de la chimenea. Aquella vez no podía culpar a Nicky por el mareo. Debían ser las pastillas para el resfriado.
La puerta de la calle tenía un cristal emplomado y no podía ver claramente a la persona que estaba en el porche, pero era imposible confundir esos hombros anchos con los de Julia.
Nicky Byrne.
Y ella iba en pijama. Y ni siquiera se había pasado un cepillo por el pelo después de bañarse.
Pero Nicky no era el tipo de hombre que se rinde fácilmente. Y, como para dejarlo bien claro, volvió a pulsar el timbre. Aquella vez como si se hubiera apoyado en él.



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MensajeTema: Re: El hombre más irresistible   Dom 22 Ene 2017, 6:30 pm

Capitulo 14

Estaba en casa, seguro. Podía oír la música que salía del estéreo.
Entonces, ¿por qué no abría la puerta?
Había dejado la chimenea encendida, dos película de Clint Eastwood y media botella del mejor vino sobre la mesa. Después de la llamada de Julia, no tuvo alternativa. Diez años en el mundo del derecho y seguía teniendo conciencia. A su madre le haría mucha ilusión.

—¡Ya era hora! —exclamó cuando se abrió la puerta.

Lo primero que vio fue su expresión de disgusto. Después, un pijama de franela rosa.
Si, Chantal llevaba un pijama de franela rosa con ovejitas. Estaba despeinada y tenía la nariz roja.

Y, al mirarla, se dio cuenta de que se le había pasado el enfado.

—Está viva —dijo, muy serio. No quería que se le pasara el enfado.

—¿Había alguna duda?

—Me llamó tu hermana. Por lo visto, has descolagado el teléfono y estaba preocupada.

—He descolgado el teléfono porque no quería que me molestasen.

Nicky entró en la casa sin pedir permiso.

—Si me hubieras dejado ahí cinco minutos más se me habrían congelado los... limones.

Sus ojos, que parecían brillantes de fiebre, se clavaron entonces en la bolsa que llevaba.

—¿Me has traído limones?

—Y ron —dijo Nicky, mostrando una botella—. Ah, y me he acordado de tu CD.

—Gracias. Supongo que Julia te ha dicho que estoy resfriada.

—Sí. Quería venir ella misma, pero Kian había tenido que salir.

—Y ella no puede conducir de noche —suspiró Chantal—. Supongo que está bien eso de que la hermana de una sea tan protectora.

—Está muy bien.

—Ya, claro. ¿Querías algo más?

—¿Te has resfriado por jugar al golf bajo la lluvia?

—No.

—Sí. Y ya te lo dije. ¿Dónde quieres que ponga esto? —preguntó Nicky, señalando la bolsa de limones.

—Tú los has traído, así que supongo que sabrás qué hacer con ellos.

—Mi madre solía hacer una cosa con limones cuando estábamos resfriados. No sé nada más.

—¿Tu madre te daba ron?

—No. Eso ha sido idea mía.

—¿Hay que echarlo al zumo de limón?

Nicky se encogió de hombros.

—Supongo que no iría mal.

Chantal lanzó una carcajada.

—Yo creo que iría fatal.

—¿Por qué?

—Porque he tomado unas pastillas que marean un poco y no creo que sea buena idea mezclarlas con alcohol.

Nicky pensó entonces que si estaba un poco mareada, quizá tendría que tomarla en brazos para llevarla a la cama... Mejor no pensar en ello, se dijo.

Nervioso, se colocó la bolsa bajo el brazo, pero los limones empezaron a salirse y los dos intentaron sujetarlos a la vez. Resultado: un lío de brazos, manos y limones.
Chantal empezó a reírse y Nicky sonrió también, respirando el aroma de su colonia. Estaban muy cerca, pero él no pensaba en gérmenes. Solo pensaba que Chantal sujetador bajo el pijama.

—¡Tachán! No se ha caído ninguno —dijo ella, triunfante.

Nicky miró el solitario limón que tenía en la mano. Afortunadamente, Chantal se había concentrado en la tarea o estarían ahogados en fruta.

—Gracias por traerlos. Ha sido un detalle.

¿Un detalle? Evidentemente, no sabía lo que estaba pensando. Por no hablar de la tensión dentro de sus vaqueros.

—He tenido que improvisar. No sé cómo hacer sopa de pollo.

—¿Julia sugirió que trajeses sopa de pollo? ¡No tenía ningún derecho!

—Es tu hermana. Es normal que se preocupe.

—Pero no tiene derecho a hacerte salir de casa.

Nicky se encogió de hombros.

—Tú me invitaste a cenar anoche.

—Por favor, ¿otra vez con lo de la cadena de favores? Muy bien, acepto tu regalo porque somos vecinos, ya está. Pero se acabó, No nos debemos nada. ¿De acuerdo?

—De acuerdo.

Estaban mirándose a los ojos. Y en un segundo, algo cambió por completo, como si fuera un acuerdo tácito entre los dos.
¿Vecinos? Nicky rechazó el concepto. Aún no sabía qué quería de Chantal Goodwin, pero no era una taza de azúcar.

—Muy bien —murmuró ella, dirigiéndose a la cocina.

Habría sido el momento perfecto para que Nicky hiciera algo similar, por ejemplo salir de allí corriendo. Pero en lugar de hacerlo, se encontró a sí mismo observando aquel redondo trasero envuelto en franela rosa.
Tenía que mirar otra cosa, se dijo. Y entonces vio el libro en el suelo.
Chantal Goodwin leía novelas románticas. Románticas y calientes, a juzgar por la portada. Sacudiendo la cabeza, sacó el CD del bolsillo de la chaqueta. Hablando de contradicciones... desde luego aquella chica era una sorpresa detrás de otra. Y lo peor era que cada nuevo descubrimiento lo acrcaba a la capitulación.
¿Quería luchar? ¿De verdad?
Si Chantal no tuviera ojos de fiebre él no estaría allí con un libro en las manos. Estaría poniendo esas manos sobre las suaves curvas cubiertas de franela... al menos lo que tardase en desnudar esas curvas.
¿Significaba eso que le gustaba Chantal? Porque nunca, jamás, había querido desnudar a una mujer que no le gustase. Si, le gustaba. Probablemente le gustaba desde la primera vez. Pero no quería que le gustase, no quería abrirse a esa posibilidad. Era mucho más fácil clasificarla como un estereotipo: abogada ambiciosa, como Kristin, alguien que no le interesaba.
Y hasta que se le pasara el resfriado, seguiría sin interesarle. Pijama rosa bien abrochado, curvas tapadas.

Entonces vio un palo de golf y varias pelotas en el suelo. Había también periódicos sobre la mesita. El orden prusiano del día anterior había desaparecido.
Alelyua.
Vio también los cojines tirados en la alfombra y la imaginó tumbada sobre ellos, leyendo la novela de amor, despeinada, sin pijama con  las suaves curvas iluminadas por el fuego...
Un deseo tan caliente como esas llamas lo envolvió entonces. Quería tocar su pelo, quería acariciarla delante de la chimenea, quería hacerla arder.

—Ah, creí que te habías ido.

Nicky sacudió la cabeza para borrar aquellos pecaminosos pensamientos. Chanta estaba en la puerta de la cocina, mirándolo con expresión rara.

—No esperaba visita, por eso la casa está hecha un asco.

—Me gusta más así.

—Ah.

Evidentemente, no era la respuesta que ella esperaba. Cuando vio que tenía el libro en las manos se puso nerviosa y cambió el peso del cuerpo al otro pie. Un gesto entrañable, como de niña.
Y entonces Nicky sintió que el deseo se transformaba en otra sensación. Mucho más peligrosa.

Maldición, debería haberse marchado cuando tenía oportunidad.

—Estaba leyendo cuando llegaste —explicó ella, como si hiciera falta alguna explicación.

—¿No estabas trabajando?

—Es domingo.

—El domingo pasado estabas jugando al golf.

—Por la noche, no.

"Por la noche". Tres palabras que conjugaban todo tipo de imágenes.

—He puesto agua a calentar. ¿Quieres un té? ¿O un café?

—Debería irme. No quiero perderme Harry, el sucio.

—¿La ponen en la tele?

—Sí —contestó Nicky—. No me digas que te gusta Clint Eastwood.

—¿Cómo que no? "Vamos, chico. Alégrame el día" —citó ella, sonriendo.

Nicky no sabía si su líbido estaba gastándole alguna broma, pero no le pareció que estuviera recitando la frase de una película. Sonaba... muy sugerente.
Pero daba igual porque iba a marcharse antes de hacer algo que lamentase después. Como, por ejemplo, "alegrarle el día".

—Normalmente diría que es un clásico que uno no se debe perder, pero tienes que exprimir limones para que se te quite el resfriado.

—¿No vas a hacerlo tú? ¿Qué clase de vecino eres?

Durante unos segundos, Nicky se perdió en sus ojos. Y entonces vio que se mojaba los labios con la punta de la lengua.

—Yo diría que un vecino muy enfermo.

—¿Te lo he pegado? —exclamó ella entonces—. Lo siento. La otra noche...

—¿Cuando te besé?

—Sí.

—No me has pegado el resfriado. Me refiero a enfermo... porque te veo con ese pijama y solo pienso en quitártelo.

Ella debió respirar profundamente porque la franela rosa se levantó en la zona del pecho.

Nicky no quería hacerlo, no debía hacerlo, pero no pudo evitar mirar hacia allí. ¿Cuándo se había convertido esa franela en la tela más erótica del mundo?
No, no y no.
Nervioso, dio un paso atrás. Y luego otro. No quería ni pensar en ello. Ni siquiera quería pensar en darle un masaje con "Vicks vaporub"

—Tómate un par de pastillas y métete en la cama. Y no te levantes hasta que estés mejor.

—Pero tengo que...

—¿Ir a trabajar? ¿De verdad? Tu exagerado compromiso con el trabajo es lo que te ha puesto enferma —la interrumpió él, irritado—. ¿Qué quieres, acabar en el hospital?

—No estoy tan enferma. En realidad, es solo...

—¿Y qué pasará el próximo sábado? ¿Estarás bien para la boda o quieres darle un disgusto a Julia?

Chantal apretó los labios y Nicky asintió con la cabeza, satisfecho de haber dicho la última palabra. Pero cuando abría la puerta, decidió asegurarse:

—Y llama a tu hermana para decirle que estás bien.



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MensajeTema: Re: El hombre más irresistible   Miér 25 Ene 2017, 5:46 pm

Capitulo 15

¿Llamar a su hermana? Lo que Chantal quería hacer era retorcerle el pescuezo.
Pero en lugar de hacerlo exprimió varios limones mascullando insultos contra las hermanas y vecinos.
Menuda cara ir a su casa, así, sin avisar.
¿Por qué le había recordado su obligación para con Julia el sábado siguiente? ¿Quién se creía que era? Por supuesto que no iría a trabajar si se encontraba enferma. Ella no era ni una mártir ni una niña, aunque su gusto en pijamas afirmase lo contrario.
Pero a Nicky no parecía haberle disgustado su elección. Todo lo contrario.
Frunciendo el ceño, Chantal añadió miel al zumo de limón.
O quizá había malinterpretado lo que dijo. Quizá quería que se quitase el pijama porque le parecía horroroso... y esa era la razón por la que hubiese querido retorcerle el pescuezo a Julia.
Por enviar a Nicky a su casa sin avisar, por no darle tiempo para arreglarse.

Apoyándose en la repisa, tomó un sorbo del zumo y estuvo a punto de escupirlo. Muy agrio.
De todas formas, había sido un detalle por su parte dejar lo que estaba haciendo para llevarle los limones, aunque no se hubiera quedado el tiempo suficiente para hacer el zumo.
Porque temía acabar besándola.
Chantal sintió un escalofrío. No, no había malinterpretado las palabras de Nicky Byrne. Él había confirmado que la deseaba, a ella, Chantal Goodwin, famosa repelente de hombres.
Aquello le hizo sentir confianza y era, además, el mejor remedio para su resfriado. O eso, o funcionó el zumo de limón con miel porque a la mañana siguiente se levantó sintiéndose casi recuperada. No le dolía la garganta, no le dolía la cabeza... pero cuando vio el cielo gris decidió no arriesgarse. Podía trabajar desde casa, se dijo.
Pero se pasó las siguientes cuarenta y ocho horas mirando el teléfono mientras repasaba los contratos.
El teléfono solo sono seis veces: dos llamadas de la oficina y cuatro de su hermana Julia... y la desilusión empezó a pesar sobre ella como las nubes grises en el cielo.
Estaba convencida de que Nicky llamaría para ver cómo estaba. Quizá no le importaba lo más mínimo, quizá solo había ido porque Julia lo llamó o porque se sentía obligado como vecino. Quizá le había contagiado el resfriado y estaba en la cama.
Y quizá las pastillas para el resfriado la estaban volviendo loca.


El miércoles amaneció con un cielo azul sin nubes. Y sin nubes, las dudas desaparecieron. Chantal empezó a canturrear mientras se vestía para ir al bufete. Si salir de casa le sentaba tan bien, ¿cómo le sentiría ir a visitar a Nicky?
Después de todo, era su vecino. Sin nadie que se ocupara de el excepto unos tíos cuya vida consistía en trabajar y acudir a eventos sociales.
Estaría bien ir a verlo y actuar como una persona adulta y no una niña. Le gustaba mucho Nicky, disfrutaba de su compañía, definitivamente quería probar otro beso, así que, ¿por qué no hacía algo al respecto? ¿Por qué esperaba que él diera el primer paso?
Porque ella no sabía qué hacer.
Pero debía tomar una decisión. Además, le apetecía enfrentarse a un reto. Iba a hacer algo radical, diferente.
Por lo tanto, descartó el aburrido jersey gris y se puso una brillante camisa roja. Se pintó los labios del mismo color y sintió que su corazón se ponía a bailar salsa.
Iría a verlo después de trabajar para decirle que ya estaba recuperada del todo y que quería comprobar si podría haber algo entre ellos. Si eso no era algo radical del todo, ¿qué podría serlo?



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